PREFACIO:

¿Cómo el mundo se acabó?

 

El mundo, planeta habitado por tantas especies y dominado por sólo una de ellas. El mundo es un mosaico fantástico de vida, cada cual en su nivel, trabajando para un solo fin: su propia supervivencia, y sin embargo para un fin común: la supervivencia del mundo. ¿Es que hay alguien que controla el juego desde una perspectiva mayor?

La humanidad se ha apropiado el título de gobernante supremo, dicen que ha hecho un infierno de la vida de los demás seres vivos, dicen que es un soldado de destrucción y caos, dicen que no ve más allá de su vida, dicen que es una bacteria o virus sembrado por la misma naturaleza con el fin de ponerse fecha de caducidad.

Lo cierto es que este mundo, esta naturaleza, han pasado por distintas eras, y se ha dividido en distintos momentos de existencia, renovando en cada lapso a los habitantes en turno, cada vez con un diseño mejor, con una funcionalidad más grande, con una adaptabilidad más compleja; pero una vez que creó al humano, se estancó y prefirió depender de las renovaciones que hiciera el propio humano.

El humano está solo, y busca en el cielo, en los planetas y galaxias, sin saberlo, alguien que pueda combatir con él, porque la necesidad más básica que tiene el humano es la de luchar con alguien por algo; pero hasta ahora no ha encontrado a nadie. Hasta ahora ha peleado con sigo mismo, pero esto le ha aburrido. Ha creado máquinas muy complejas que poco a poco fueron siendo un reto para él. Ha creado especies animales, híbridos y organismos microscópicos a capricho.

Todos veneran un dios, pero nadie sabe quién o cómo es, el único dios que conoce el humano, es a sí mismo, y al pasar del tiempo, poco a poco se ha convertido en uno, alterando lo que no debía alterarse, o tal vez sí debía, porque alguien puso tanto poder en su mano, y fue por algo.

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