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La primavera llegaba de nuevo, los dorados rayos del sol bañaban cada rincón llenando de vida y alegría el bosque. Todas las criaturas, pequeñas y grandes, feroces o tiernas saltaban aquí y allá, como festejando tal esplendor. Todas menos una, una infeliz tortuga para quien primavera era sólo otra época para llegar tarde a todo, cumpleaños, bodas, aniversarios o días feriados.

Todd, una tortuga de mediano tamaño, con los ojos amigables y una sonrisa melancólica, estaba harto de esta situación. Siempre llegaba cuando todos ya se habían ido, si corría la voz de una fiesta en algún lugar del bosque, para cuando él aparecía ya sólo quedaban papelitos de colores, serpentinas y vasos pisoteados, rastros de una increíble celebración que él siempre se perdía.

-¡Ya estoy hasta harto! –Exclamó Todd apretando los puños. -¡No me volveré a perder ninguna fiesta, buscaré a alguien que me pueda dar el secreto de la velocidad!

Sin pensarlo más, Todd se dirigió a visitar a la veloz liebre, pero esta no se encontraba, había ido a competir en la carrera anual de la entrada de la primavera, pero su amable esposa le dijo que si alguien lo podía ayudar con esa cuestión era el sabio búho o el astuto zorro, aunque le advirtió que se cuidara de este último. Todd dio las gracias y se puso en camino.

Así pues, Todd, receloso por naturaleza y precavido por experiencia, decidió visitar al sabio búho, el cual habitaba en lo alto de un abeto leñoso y anciano. Trepó con lentitud, pero con habilidad y llegó hasta donde este se encontraba.

-¿¡A qué debo el placer de tu visita, pequeño testudín!? –Exclamó el búho bajando sus gafas.

-¡Mi nombre es Todd, no testudín! –Reprendió la tortuga con gesto de molestia.

-¡No, no,  “testudín” es la familia de la que provienes, eres un testudín de la familia de los reptiles, mira estaba leyendo sobre ustedes! –Dijo el búho con su habitual entusiasmo -¡Hay más de 30 familias…

-¡Vine porque quiero que me entregue el secreto de la velocidad! –Exclamó Todd para cortar las divagaciones del búho.

-¡No creo que exista tal cosa amiguito! –Dijo el búho revisando sus libros.

-¡Recórcholis! –Protestó la tortuga desplomándose sobre la alfombra. -¡Moriré siendo lento, o tal vez llegue tarde como siempre!

-No debes lamentarte, cada cual tenemos lo que necesitamos. Como dijo un sabio “La grandeza reside en que tus debilidades se vuelvan tus fortalezas”

La tortuga se lo quedó mirando sin comprender de qué hablaba.

-Otro gran sabio dijo que “Nadie es más grande que aquel que se conoce a sí mismo”

La tortuga lo miró muy confundida y entonces exclamó con molestia.

-¡Pero yo no quiero ser grande, quiero ser veloz!

El búho rio con desparpajo.

-Mira, quizá con ejemplos entiendas mejor. Ven, iremos a una pequeña práctica de campo. –Dijo el búho poniéndose una bufanda, y ambos se dirigieron al bosque.

Un fiero lobo trataba de recobrar el aliento recargado sobre un viejo tronco. Había escapado de milagro a un gigantesco oso, el cual se había quedado con la presa que él había atrapado.

-¡Malaya! –Exclamó el lobo. -¡Cómo quisiera ser el más fuerte del bosque, estoy harto de huir del oso y del león, quisiera ser más poderoso que ellos!

En ese momento, el taimado zorro pasó junto a él sin verlo, venía doliéndose de la pata, la cual traía hinchada y lo hacía cojear. Había intentado estafar a un joven caballo y se había llevado en cambio una fuerte coz.

-¡Tú! –Exclamó el lobo tomando al zorro por el cuello. -¡Serás mi desayuno, después de comerte podré pensar con más claridad cómo derrotar al oso y al león!

El lobo se dispuso a comérselo, pues estaba muy hambriento, pero el zorro lo detuvo, usando sus argucias.

-¡No me comas señor, ciertamente haré mejor provecho a vuestros peludos y bellos oídos que a vuestro lánguido estómago!

-¡¿Mi lánguido qué?! ¡¿A qué te refieres?! –Preguntó el lobo alejando al zorro de su enorme hocico.

-¡Yo podría, con mi astucia, darte el secreto de la fuerza! –Dijo el zorro con una nerviosa sonrisa.

-¡¿El secreto de la fuerza?! –Dijo el lobo abriendo a más no poder unos curiosos ojos, luego dudó un poco. -¡Eso no existe!

-¡Oh, por supuesto que existe señor, muchos guerreros invencibles han conocido ese secreto, desde Atila el Huno, hasta… Harry Potter!

-¡Pues venga, dímelo o voy a prepararme un estofado contigo! –Amenazó el lobo.

El zorro trató de pensar en algo, pero no se le ocurría nada, entonces volteó a todos lados y vio al búho, que venía acompañado de una torpe y lenta tortuga.

-¡Eso es! –Exclamó el zorro. -¡El secreto de la fuerza es una armadura!

-¡¿Una armadura?! –Preguntó el lobo con molestia.

-¡Así es mi señor, todos los guerreros legendarios han tenido una coraza que los protege, y esa que tiene la tortuga te hará invencible!

-¡Pues tráemela de una vez si no quieres que te devore! –Exigió el lobo.

El búho le pidió a la tortuga que observara en silencio. Una mosca veloz revoloteaba por entre la hierba, al mismo tiempo un pesado y lento escarabajo se arrastraba con mucho trabajo.

-¿Qué es lo que ves? –Preguntó el búho a la tortuga, con una sonrisa.

-¡Una hermosa mosquita veloz, y un feo escarabajo, torpe y lento como yo!

-¡Perfecto, ahora hemos visto lo que todos ven, lo incorrecto, pero si esperamos más y tenemos paciencia, veremos lo que nadie ve, la verdad! –Señaló el búho agazapándose.

De pronto llegó un sapo brincando e intentó atrapar al rechoncho escarabajo con su pegajosa lengua, pero no pudo llevárselo a la boca porque era muy pesado, así es que se conformó con la mosquita a la cual atrapó con facilidad y engulló gustoso. La tortuga se estremeció.

-¿Y ahora qué viste? –Volvió a preguntar el búho.

-¡Que prefiero ser lento y vivo que rápido y muerto! –Exclamó la tortuga con espanto.

El búho rió. –Así es, cada cual tiene fortalezas y debilidades, nadie es tan envidiable o criticable, siempre una gran ventaja viene con muchas desventajas y viceversa.

-¡Muchas gracias señor búho, de ahora en adelante aprenderé a aceptarme como soy…

-¡Lamento interrumpir tan cordial reunión! –Dijo el zorro cojeando hacia el búho y la tortuga.

-¡¿Quién eres tú y qué quieres?! –Preguntó la tortuga.

-¡Bonita tortuga, vengo a librarte de ese feo, sucio y pesado caparazón, me desharé de él sin costo alguno para ti, para que no lo tengas que andar cargando!

-¡Imposible, el señor búho me ha enseñado a aceptar lo que soy, soy lento y feo, pero estoy protegido y soy feliz!

-¡Así es! –Dijo el búho satisfecho.

Así pues la tortuga se metió en su caparazón sin escuchar lo que tenía que decir el zorro. El lobo comenzó a impacientarse.

-¡Tráeme esa valiosa armadura o me haré un guisado contigo! –Gruñó el lobo.

 -¡Paciencia mi señor, os la traeré enseguida! –Suplicó el zorro.

El zorro rengueó de nuevo hasta donde estaban el búho y la tortuga y con el puño cerrado tocó en el duro caparazón.

-¿Quién? –Preguntó la tortuga sin asomarse.

-¡Soy yo, el zorro de nuevo…

-¡Vete, no te daré mi caparazón, sólo haré caso al búho que lo sabe todo! –Gruñó la tortuga, haciendo que el búho asintiera con una sonrisa.

-Ciertamente es muy sabio y lo sabe todo, pero ¿Sabe acaso cómo se burlan todos de ti? –Dijo el zorro con una fingida tristeza.

La tortuga asomó la cabeza. -¡¿Que todos se burlan de mí?!

-¡Bueno, no me tomes por un vil chismoso, pero he oído toda clase de burlas y mofas acerca de ti!

-¡¿Cómo cuales?! –Preguntó la tortuga sacando toda la cabeza de su concha.

-¡La liebre dijo que si el caminara con las orejas iría más rápido que tú!

-¡Malvada! –Exclamó la tortuga.

-¡Así es, y otros se refieren a ti como lentejuela, retardado, prehistórico, momificado, bobo, aletargado, e incluso dicen que eres más lento que el Internet Explorer!

-¡¿Internet Explorer, qué es eso?!

-¡No importa, todo el bosque te humilla a tus espaldas!

-¡No es posible! –Dijo la tortuga con lágrimas en los ojos. El búho intervino.

-¡Sin embargo, un sabio dijo “No me lastiman tus críticas porque estoy resguardado por el duro caparazón de mi inteligencia”! –Exclamó el búho tranquilizando a la tortuga.

-¡Es cierto, nadie me puede hacer daño aquí, que se hagan daño entre ellos con sus insultos! –Dijo la tortuga regresando a su concha.

-¡Señor búho! –Dijo el zorro señalando al lobo -¡Sería sabio de su parte que se pusiera de mi parte para librarnos de ese feroz cánido!

El búho volteó a mirar al lobo, el cual echaba espuma por el hocico y mostraba sus afilados colmillos, así que rectificó con rapidez.

-¡Sin embargo otro sabio también dijo “Nunca creí que se pudiera cambiar al mundo, sin embargo podemos cambiar cada día para ser mejores”!

La tortuga volvió a asomar la cabeza.

-¡Vaya, eso es hermoso! ¿O sea que en vez de aceptarme y ser feliz, debo cambiar todo lo que me hace fuerte por un sueño trivial y tonto?

El búho dudó, pero volvió a ver al feroz lobo y reiteró con entusiasmo.

-¡Claro, claro, el cambio es el motor de la verdad! –Dijo el búho con nerviosismo.

-¡Muy bien, entonces quisiera ser veloz! –Exclamó la tortuga.

-¡Perfecta elección, todo lo que tienes que hacer es darme tu caparazón! –Dijo el zorro con una ensayada sonrisa.

La tortuga salió de su caparazón y se lo entregó al zorro, este a su vez se lo entregó al lobo, el cual hizo esfuerzos sobrehumanos para meterse en él. Una vez que el lobo tuvo la concha de la tortuga puesta, apenas podía moverse y francamente se veía ridículo. El zorro, la tortuga y el búho hicieron un esfuerzo por no reírse.

-¡Ahora soy invencible! –Dijo el lobo, pero perdió el equilibrio y cayó de espaldas.

-¡Por supuesto señor, aunque más tonto que invencible diría yo! –Exclamó el zorro, el lobo quiso levantarse furioso, pero sólo se meció en la pesada concha. Quiso salirse, pero no pudo, estaba atrapado, el zorro había logrado engañarlo.

De pronto el gran león apareció ante ellos.

-¡Mi reino pasa por momentos de austeridad, así es que tendré que comérmelos a ustedes, platillos de inferior calidad y de dudosa procedencia! –Dijo el gran felino relamiéndose y afilando sus garras en la menuda yerba.

El búho sin pensarlo dos veces alzó el vuelo con gracia, guardando las citas filosóficas para otra ocasión; la tortuga ahora sin concha corrió rápidamente hasta un estanque cercano y se alejó nadando; incluso el lobo pudo apretujarse más y meterse entero en la concha donde quedó protegido; sin embargo el zorro, con la pata lastimada no corrió con tanta suerte.

No sé si el león se comió al pobre zorro, algunos vecinos del bosque aseguran que al morderle la cola el león desistió por su mal sabor. Sin embargo puedo decirles algo, no son los más tontos, ni los más inteligentes lo que terminan mal, son los que tratan de engañar a otros. Y es que a menudo son tan buenos engañando que terminan por engañarse a sí mismos.

 

Jossman Mangas.

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PREFACIO:

¿Cómo el mundo se acabó?

 

El mundo, planeta habitado por tantas especies y dominado por sólo una de ellas. El mundo es un mosaico fantástico de vida, cada cual en su nivel, trabajando para un solo fin: su propia supervivencia, y sin embargo para un fin común: la supervivencia del mundo. ¿Es que hay alguien que controla el juego desde una perspectiva mayor?

La humanidad se ha apropiado el título de gobernante supremo, dicen que ha hecho un infierno de la vida de los demás seres vivos, dicen que es un soldado de destrucción y caos, dicen que no ve más allá de su vida, dicen que es una bacteria o virus sembrado por la misma naturaleza con el fin de ponerse fecha de caducidad.

Lo cierto es que este mundo, esta naturaleza, han pasado por distintas eras, y se ha dividido en distintos momentos de existencia, renovando en cada lapso a los habitantes en turno, cada vez con un diseño mejor, con una funcionalidad más grande, con una adaptabilidad más compleja; pero una vez que creó al humano, se estancó y prefirió depender de las renovaciones que hiciera el propio humano.

El humano está solo, y busca en el cielo, en los planetas y galaxias, sin saberlo, alguien que pueda combatir con él, porque la necesidad más básica que tiene el humano es la de luchar con alguien por algo; pero hasta ahora no ha encontrado a nadie. Hasta ahora ha peleado con sigo mismo, pero esto le ha aburrido. Ha creado máquinas muy complejas que poco a poco fueron siendo un reto para él. Ha creado especies animales, híbridos y organismos microscópicos a capricho.

Todos veneran un dios, pero nadie sabe quién o cómo es, el único dios que conoce el humano, es a sí mismo, y al pasar del tiempo, poco a poco se ha convertido en uno, alterando lo que no debía alterarse, o tal vez sí debía, porque alguien puso tanto poder en su mano, y fue por algo.

Escrita cuando tenía 7 años, para asegurar la buena convivencia entre primos. ja-ja-ja.

 

Aprobada por Wakko

Firma Wakko.

1a. Todos los Wakkos son iguales.

2a. Ningún Wakko podrá hacer burla a otro Wakko.

3a. En esta ley se hace una excepción de la (2a) si 2 aprueban la burla, se hará dicha burla.

4a.No se aceptará que nadie más que:
Giancarlo, Giovanni y Jossman y Sharu.
entre al Club Wakko.

5a. Los inscritos en este Club deberán adorar a Wakko y si dice que es cualquier otro, los otros 2 Wakkos le darán 50 m. Cada uno.

6a. Si dos Wakkos tienen un secreto y el otro Wakko les dice qué es? Deberán decírselo o dejar el Club los 2.

7a. Si un Wakko tiene dinero, sin que le digan tiene que invitar, si no invita y tiene dinero en su mente será “Dot”.

8a. Si dos Wakkos se pelean se les quitará su alma Wakko y se pondrá en la siguiente hoja.

9a.Cuando se quiera comprobar si algo es cierto, se pondrá la mano en esta Constitución, quien ya haya jurado en esta Constitución y no sea verdad: por dentro su alma Wakko se pudrirá y aunque no lo diga no podrá sentirse un Wakko LIMPIO en alma.

10a.  Ningún Wakko podrá ocultarle algo a otro Wakko.

Adios a ToDos.

😀

Frases que he escrito a manera de ejercicio, a manera de un diario personal que relata vivencias sin querer decir que lo son.
*Me he reído de muchos hombres que cuentan sus pertenencias con los dedos de otros hombres, me he reído con el brillo en mis ojos, porque es verdad que la única pertenencia del hombre es su libertad, y esto es lo primero que se pierde al comenzar a contar.
*Quiero acabar con la continuidad de la vida y hacer de cada acto un descuido pícaro que transforme un objeto en otro, una búsqueda en otra, con la ingenuidad de un niño, con la permisión de un sueño.
*Un hombre puede hacerse amigo de cualquier hombre y enamorarse de cualquier mujer, en situaciones específicas y controladas, esa es la vida, y el aprecio circunstancial que se tienen me parece estúpido y enfermo.
*Cada desastre natural, cada horror que cae sobre el hombre, es aceptado por este como el costo de ser quien es, porque en su infinita ignoracia no pierde la certeza de su maldad.
*Hay hombres que merecería la pena nunca haber conocido, en cambio nunca he hallado a alguien imprescindible. La amistad. Un concepto que surge del amasijo necesario, como una variante del síndrome de Estocolmo.
*Una conversación no debería ser cualquier cosa, un intercambio es demasiado precioso como para masticar el clima o los planes, el conocimiento debería combinarse con la alquimia de dos buenos conversadores hasta hacer oro, y no ser el pasatiempo infame de sociedad.
*¿Será que el tiempo está avanzando o que nosotros estamos retrocediendo?
*Hablar es la única manera que tienen los idiotas para hacerse notar, para los sabios en cambio, es la mejor manera de pasar desapercibidos.
*No me fío de los hombres en extremo buenos, pues son hombres que han perdido la frontera conductual, y es seguro que de igual manera, al encontrarse en conflicto serán hombres en extremo malos.
*Es difícil ser un hombre en un mundo de bestias.
*Los hombres débiles terminan convirtiéndose en lo que piensan que son, los hombres fuertes nunca cambian, pero los hombres sabios saben que ser no es un lugar, sino una serie de escalones.
*De las personas que hablan mucho: El hombre enfermo del estómago vomita la comida, el hombre enfermo de la cabeza vomita las palabras.
*Hablar es ciertamente sólo un placer exhibicionista, pero exhibir las cartas no es lo apropiado para quien pretende ganar la partida. A menos que lo que digas provenga de un lugar ajeno a tí.
*Valoro el odio porque de él proviene la verdad, del amor sólo lo falso; el odio nos incita a lastimar a los demás y no hay nada que lastime tan bien a un hombre como la verdad. Por eso para mantenerme verdadero,me odio y amo a los demás.
*Quien nunca progresa es porque nunca ha aceptado lo mal que está.
*Ser no es una enfermedad terminal, es una piel necesaria y delgada como la de la serpiente, que cae luego de cultivar a un nuevo ser.
*Gente de este mundo, es gente de televisión, la aborrezco, con sus papeles unidimensionales de villanos o pobres, escalando la trama sencilla de su vida, siguiendo el guión de una oficina o una familia.
*Una palabra es el final de un proceso racional, aunque para la mayoría de la gente es el principio de un proceso irracional.
*El bien y el mal son conceptos tan primarios como el blanco y el negro, creo que es tiempo de que la humanidad comience a vivir en colores.
*Puede ser que alguien calle porque no tenga nada que decir, pero es seguro que quien habla es porque no tiene nada de qué hablar.
*Los que piensan que pasa el tiempo, pensarán igual que puede detenerse, se dejan llevar por su propia superficialidad y viven enemistados con algo inexistente; compadezco a estas personas, atrapados para siempre en un mundo infantil, donde los pasos miden distancias y los relojes sus vidas.
*La ocupación es la mayor virtud del hombre, no esperes al éxito, mantente ocupado y haz del éxito una más de tus labores.
*A ganar se aprende perdiendo tanto como ganando, a perder se aprende viendo la partida.
*Matar, en este mundo tan sucio, es el único acto de verdadero amor que reconozco.
*El triunfo de Facebook se debe a que la gente es insoportable en persona.
*Si quieres conocer a una persona, obsérvala y escúchala, envuélvela con un profundo silencio, crea un vacío, pues la personalidad es un secreto y nadie resiste guardar un secreto ante la abrumante necesidad humana de llenar el vacío.
*Para pensar es preciso estar solo y vacío, porque pensar es elevarse, sin que nadie te tome del pie, ni te detenga el peso constantemente creciente de una pertenencia o un sentimiento.
*Lo que llaman Entropía o tendencia al caos, no es sino una tendencia hacia el orden principal, la tendencia de todo a llenarse de vida y bien, lo que sucede es que el hombre no reconoce más bien que el de su huella en la tierra.
*El bien es la flama y el mal es el viento, si sopla demasiado el bien se extingue, pero si no sopla lo hará de igual manera.
*Violenta es la vida del hombre violento e intrascendente la de aquel intrascendente, simpático concepto es el destino, más irreal al fin, la vida es sólo la respuesta a una pregunta que hacemos cada día.
*Lo que llaman alma no es sino una seria de imperfecciones personales, razgos químicos y malformaciones cerebrales particulares; quizá cuando morimos lo único que abandone el cuerpo sea la energía que impulsa la máquina, pero tú eres la materia que ha de pudrirse al igual que un perro o una flor.
*La inteligencia nos sirve para darnos cuenta de lo idiotas que somos, si piensas que eres inteligente, suele suceder que eres idiota.
*Crear se me parece bastante a la defecación, y la obra es un producto secundario, un daño colateral, un resultado lógico dela verdadera acción que es digerir al mundo.
*Si quieres ser más grande que los demás, no los midas a ellos, mídete tú, a toda hora, a cada paso, pues crecer es cuestión de tener un punto de partida, párate y entiende dónde estás.
*Cuando pienso en tí, atraigo el pensamiento más negro que ha cruzado mi mente así como el más blanco y delineo un boceto parecido a tí, y parto de este, así nada de lo que hagas podrá tomarme por sorpresa, así te conozco tanto como a mí, sin hipocrecía, desde la verdad.
*El odio y el amor no son otra cosa que el resultado del desconocimiento.
*Rescatar una idea intacta de la mente y traerla almundo real es el oficio de los genios.
*La mente es una prisión de máxima seguridad, la mayoría de la gente nunca entenderá que la creatividad no nos sirve para tener una idea, sino para liberarla.
*Qué diferencias tan sutiles, que no pueden engañar al ojo educado, colores y opiniones se diluyen tan rápido, pues la producción en serie ha alcanzado los corazones; en el siglo XXI ser es un camuflaje funcional, pero está muy lejos de la individualidad.
*Los genios abarcan hasta casi cerrar el círculo perfecto del intelecto humano, y están muy cercanos a la idiotéz, pues está presente en ellos la incomprensión del testarudo, pero esta incomprensión los conduce a buscar una salida perfecta e innovadora hacia eso que no alcanzan a comprender.
*Insistimos en mentir porque en el fondo nos aterra lo que somos, porque pensamos ser el único monstruo que transita por las calles, entre la fragilidad y belleza aparente de todos los demás. Pero en realidad no somos nada, ni la verdad ni la apariencia, sino el movimiento errático entre uno y otro, detenido nadie existe.
*La gente común siempre está buscando rivales, hace de cada logro ajeno un ataque personal, sólo aquel que es sabio puede lograr que cada fuerza ajena sea su propia fuerza, porque la única competencia que reconoce es la competencia con sigo mismo.
*La mayoría de las personas piensa que piensa, cuando en realidad sólo mastica trozos de su realidad inmediata, saca conclusiones absurdas y pide y desea. Pensar es dialogar con la luz del conocimiento principal, es arrebatarle respuestas con el ardid de la pregunta precisa y la incansable inquisición de un niño.
*La gente se viste para distinguirse, habla para mezclarse y miente acerca de lo más importante . La gente tiene un campo de acción limitado, viven encadenados como perros, a la decisión genética que los enclaustró al nacer. La gente cree reaccionar, pero en realidad sigue un patrón aprendido durante su crianza. La gente es algo que no quisiera ser.
*Una vez un niño frotaba insistentemente una mancha de luz que ensuciaba su cama, de pronto su hermanito menor tapó un agujerito que filtraba el sol por la cortina; así mismo nuestras manchas no están en nosotros, son proyecciones de agujeros de más adentro, entonces frotarse la apariencia de nada vale.
*Todos tenemos un deber natural, cifrado en un código que no podemos entender y que controla el movimiento y acción de cada neurona y célula que nos conforma; el pintor está cumpliendo con este deber, de igual manera que el vago; la admiración o desprecio hacia el cumplimiento de este deber inelegible, es una de las más grandes estupideces del hombre.
*El ser humano es capáz de amar a un animal, o incluso a un objeto inanimado, y sin embargo sigue viviendo bajo la alucinación inadmisible de encontrar un amor verdadero, o ideal; yo no creo en el amor, porque es un juego de espejos y mi corazón, como vampiro, no halla reflejo en nadie.
*Es tonto querer aparentar ser sabio, así como es sabio querer aparentar ser tonto.
*Es tan fácil predecir el golpe que haz de dar para acabar con quien se te ponga enfrente, escucha con atención los momentos de silencio que guarda entre cada frase, pues estará recortando de su discurso con minucia de relojero, todo aquello con lo que puedes destruirlo. El corazón de las personas está expuesto entre las endijas que dibujan sus silencios, encuentra esa endija y atina al corazón, y vencerás cada vez.
*Tus palabras deben ser esperma que insemine las mentes de otros y los hagan parir su propio pensamiento, si piensas imponer tu manera de ver las cosas, entonces no piensas realmente.
*Como en medio de dos rostros existe una copa, así existimos nosotros siendo la oquedad entre uno y otro ser, luego, mientras más conozcas quienes te rodean,más te conocerás a ti mismo, y conocerse es la labor principal de quien anhela el triunfo.
*Es peligroso el entendimiento, porque nos vuelve fríos e indiferentes; encontrar la razón dentro de cada evento, fracaso y gloria, la incanzable intelectualización de cuanto colma nuestras vidas deriva en una vida estudiada y no en una vida vivida.
*Los hombres comunes viven su vida, los grandes hombres dan su vida a los demás para poder vivir por siempre.
*El hombre tonto obtiene ideas de las acciones de otros, el hombre inteligente actúa siguiendo sus ideas; pero el sabio, siembra una idea que mueve a la acción de muchos otros.
*Los hombres más despreciables se describen a sí mismos con palabras, los hombres inteligentes se describen a sí mismos con acciones, pero los genios nunca tienen la posibilidad, ni la necesidad de describirse, pues todos los demás lo harán más allá de la duración de sus vidas.
*Los hombres vulgares persiguen la riqueza, los hombres valiosos se persiguen a sí mismos, pues sólo alcanzándose logran perdurar en el tiempo
*Dicen que cualquier exceso es malo, y es cierto, pero al final del sendero del exceso, del exceso verdadero, se encuentra la genialidad.
*Para conocernos basta una mirada ajena, para engañarnos una mirada propia, para encontrarnos una mirada al interior y para perdernos una mirada al exterior; los hombres tontos sven su exterior, los hombres inteligentes miran y muestran su interior, pero los hombres sabios cultivan todas las miradas en una justa medida.
*La noción de Dios del hombre es como la noción de Hombre del perro, al parecer cada especie se las arregla pensando que alguien más tiene todas las respuestas, pero la verdad es qye cada respuesta sólo conlleva a más preguntas, lo que urde la universal cadena sin fin que es la vida.
*Cuanto menos valoro mis emociones, más valoro las de los demás, puesto que son armas muy poderosas en mi favor, escalones donde puedo apoyarme hasta erguirme con superioridad sobre ellos; las emociones humanas son como el hilo de un sueter, basta descubrir alguna y tirar de ella para desbaratar a alguien.
*Cementerio cruel es la sangre, con los cuerpos plantados de millones de hombres y la supervivencia persistente de sus defectos y virtudes, fantasmas que nos ciñen, en el eterno reciclaje de nuestra sangre.
*Si el hombre está hecho a imagen y semejanza de dios, entonces es un dios que no me interesa, pues la maldad y degradación del hombre han sido heredadas de sí mismo; ahora que si hablamos de libre albedrío, su castigo ha sido entonces más cruel.
*El odio es sólo para mí, como la crisálida es para la mariposa; para los  demás la comprensión, pues como toda especia animal, se les debe poner
bajo el microscopio y aprender de ellos.
*El odio es un vicio tan impuro como el amor, porque entrega un pedacito irremplazable de nuestra libertad, que nos deforma con una cicatriz de dependencia que no nos permite concentrarnos en ser.
*Si en verdad lo sienten, o es sólo hipocrecía, igualmente me parece patética la manera en que la gente se hunde en las tibias aguas de su propio sentimentalismo; pues entiende que caminar sobre miel es arduo trabajo, por eso llega más lejos quien camina sobre sendero seco.
*Existen en este mundo sólo tres maneras de ser feliz, la primera es muy simple, pues basta con tener éxito, la segunda conlleva un poco más de responsabilidad y volun…tad, pues implica hacerse idiota, pero la tercera es imposible, a menos que seas de la mayoría que ha nacido con esa condición neuronal especial llamada estupidéz.
*¿Cuándo despertará la gente y verá que lo que llaman Patria no es sino una manera de explotarlos, de mantenerlos incomunicados y separados?; ¡La nación no es otra cosa que una efectiva suerte de negocio, basada en la desunión de aquellos cohesionados ciegamente a un sistema inservible!
*Creer no es renunciar a la verdad, sino renunciar a lo imposible.
*Había una vez un tigre, un jaguar, y una pantera que vivían obedeciendo las órdenes de un perezoso león, quien los mantenía peleando entre sí por tener diferente color de piel. ¿Les suena familiar? ¡¡vaya, la idea de nacionalismo es ahora tan animal como cada uno de los fieles esclavos de aquel león!!
*Es curioso que cuanto más se entiende al humano, más se deja de serlo.
*La simpleza es el disfrás de los sabios, así como el ladrido es el disfráz del perro manso y esto se debe a que un hombre sabio desprecia sobre todo escuchar la simpleza que esconden a quellos que entre el barullo, más complejos se le presentan.
*Los hombres que aborrecen la soledad son sin lugar a dudas gente vacía que carece de pensamientos propios, gente incapáz de generar ideas, y que por tanto busca historias en los demás; Compadezco a estos hombres, pues son vampiros sociales que cada día parten a succionar un poco de todos, con su eterno apetito de confrontaciones que generen la chispa que simule una idea.
*Suele suceder que cuantas más palabras pronuncia una persona, menos pensamientos tiene en la cabeza.
*En verdad una sonrisa dice más de quien la provoca que de quien la exhibe, no entiendo cómo hay gente que pretende juzgar a los demás con base en lo que expresan, si la particular forma de comportarnos depende en gran medida de quien tenemos enfrente.; hombre, utiliza a los demás como espejos, pues ellos reflejarán lo que eres.
*Dios logró darnos un valioso tesoro, pero el diablo se encargó de esconderlo donde nunca lo buscaremos: adentro de nosotros.
*¿Por qué en nuestra ahorrativa imaginación, pensamos que existe un sólo dios o una sola naturaleza? Sería más lógico pensar que hay varios seres supremos jugando, y que cada cual ataca a las creaciones del otro. Y si es así, el humano ha sido un golpe muy bajo a las creaciones de los demás.
*Los que insistentemente buscan milagros no se dan cuenta de que cualquier conclusión a la que lleguemos es asombrosa: si hay o no un dios, si existe o no vida en el universo o si jugamos con azar o con certeza; es sólo que el hombre es una bestia herida que va muriendo conforme crece.
*¿Alguna vez has tomado conciencia en tus sueños, te has detenido y dicho -Esto es sólo un sueño, puedo hacer lo que quiera-? Pues cuán gran hombre es quien en vida puede detenerse y decir -¡Esto es sólo la vida, puedo hacer lo que quiera!-
*Cuando no sepas qué hacer, haz algo, pues el éxito es el resultado de cualquier camino, y el fracaso es el resultado de cualquier asiento.
*Debes dejar de buscar resultados, pues el fracaso está aquí, escucha: cuando busques algo, empéñate en el camino, no en la meta, si quieres oro, no busques las monedas, busca el arcoiris; pues cada éxito está al final de un sendero mítico.
*!Qué paradoja espantosa! Los hombres viven tan juntos que pasan la mayor parte del tiempo separados. Comparten un trabajo, pero no la búsqueda de Revolución, parece no molestarles la riqueza que nunca tocará sus manos, el inaccesible poder, lo ajeno que es cada riqueza natural que debiera ser suya; Hombre es ese, lleno de paradojas en su intento de razón.
*Los hombres por siempre han querido ser únicos, poniendo empeño en desarrollar en sí un defecto o una virtud que los haga especiales, más, ciertamente son clones cuya única finalidad es reproducirse y vivir; si en vez de buscar ser diferentes concentraran su empeño en vivir, no estarían llevando su mundo humano a la destrucción.
*Qué es la sabiduría después de todo? Es el arte de desengañarse, de olvidar el romanticismo de hermosas ideas y abrazar la verdad, es la lógica extremista de quien rechaza falacias y busca desnudos; la sabiduría es mirar detrás de los colores, los sabores, las texturas, y encontrar que lo que mueve al mundo humano, es una simple caída libre.
*Dicen que el mal y el bien se hallan en nosotros, y es el contexto el que al final nos define; absurdo, he visto a niños tan sombríos, y a grandes marginados hacer tanto bien, que a veces pienso que la única desición se halla antes de nacer.
*El bien provoca mal y el mal destaca el bien, así como la luz provoca sombra y la sombra destaca la luz. Y esto es una ley inmutable.
*La muerte no es sino el último sueño, la vida después de la muerte debe ser ese singular mundo que creas tomando retazos de tu vida, al igual que haces el sueño de cada noche tomando partes del tu día; piensa bien en cada acto que realices, porque pasará a formar parte del mundo de tu muerte.
*Si quieres conocer a alguien aprende a oír lo que calla y a sentir lo que no hace, aprende a sentir el cúmulo de pequeños vacíos que te harán llegar hasta el centro de aquel ser humano; todos giran impulsados por una fuerza diferente, si quieres conocer a alguien descubre qué oculta más vehementemente, porque eso es lo que lo mueve y define.
*Cementerio cruel es la sangre, con los cuerpos plantados de millones de hombres atrás y la supervivencia persistente de sus defectos y virtudes; hombre no eres más que el eterno reciclaje de la sangre!
*Confiar es una buena táctica para perder, el hombre sagáz comprende su persona y analiza sus debilidades, flaquezas y oscuridad para poder saber qué esperar de los demás; la confianza es para con uno mismo, para los demás debemos guardar siempre un ojo abierto.
*El bien en el humano es un mero escalón con el cual se acerca a sus objetivos, el bien no es bien, sino mal mantenido a raya; el bien humano es la porción inevitable de luz que delínea su oscuridad imperante.
*¿Qué seguridad tiene el hombre de que una evolución superior conlleva el crecimiento de la inteligencia? los insectos han vivido desde el primer momento de la tierra, y han sobrevivido al tiempo sin grandes cambios; me imagino que alguien con el ridículo razonamiento humano pensaría que la cúspide de la evolución era el gran tamaño que alcanzaron los dinosaurios.
*Cada humano es una caja de pandora que se entreabre en el combate social y nos deja ver fugazmente los terrores que lleva dentro; cada fracaso en las relaciones humanas se debe a la sobreexposición a estos terrores.
*DIOS no es más que la obsesiva necesidad humana de ser observado, un ansia malsana de actuar para los demás, un morbo increíble en donde cada acto está en función de los ojos de alguien más; el humano es una repugnante criatura exhibicionista, que aún en soledad se inventa ojos que lo juzguen y exiten.
*Hay quien tildaría de tonto al que usase un cañón para matar a una mosca, permítanme reír; ¡Pues sabe que en este mundo ningún enemigo es pequeño!
*Sé que el mundo está echo para mí, cuando cierro los ojos y todo deja de existir.
*La lengua de los humanos es un puñal con el que se desollan unos a otros.
*Generalmente ocurre con los humanos que lo más interesante no es lo que dicen, sino lo que callan.
*Los hombres ignorantes creen, los hombres inteligentes saben, los hombres sabios dudan y reflexionan; pero los genios miran a todos los demás desde muy lejos.
*Siente tu corazón, no late porque tú lo desees, siente tu aliento, no circula con tu convicción o permiso, siente tu piel blanda que no se endurece ante el odio, siente tu necesidad de las cosas, el colmillo de la envidia y el impulso en tu sonrisa ; Ahora piensa: ¿Realmente crees que decides?
*La única manera de sobrevivir a los humanos, es experimentarlos como pequeños pedazos aislados de sí mismos. Un guiño, una mordida; pues el ser total podría intoxicarte hasta la muerte.
*Sé como una serpiente, deslízate entre las situaciones con escamosa agilidad; libérate de las manos y de los pies, pues así no te apegarás a nadie ni a nada y podrás ser realmente libre y no uno de los tantos hombres que están agarrados de cuanto se les pone enfrente!
*El mal siempre ganará por una simple razón: Es capáz de hacer cualquier cosa; el bien dentro de su negligente pasividad, dejaría escapar la oportunidad del triunfo por las amarras de su propio desprecio a la verdad.
*Los ojos del hombre son dos colmillos afilados que pretenden succionar la sangre de todo cuanto los rodea; juzgando, desgarrando y masticando cada pedazo de ser. Porque los hombres son vampiros de las apariencias!
*Todo lo que tiene el ser humano es un terror a la sangre, pues si le damos el poder de asesinar con un chasquido de dedos, y desaparecer a su víctima, muy pocos quedarían con vida; pues ten certeza de que el humano NO valora la vida, sino las molestias que le trae quitarla.
*¡Qué breve es cada momento de paz que los seres humanos experimentan; siempre abren los ojos y voltean a los lados, se detienen tratando de pasar desapercibidos, de oír lo que va a pasar: un paso extraño, un rechinar; salivan para adentro y sólo ellos, en la íntima compañía de sí mismos, saben lo malos que son, y esperan que alguna de las atrocidades que escapan de sus cabezas no los devoren ahí mismo!
*Libertad es un concepto que me hace reir cada vez que lo escucho, el hombre vocifera este ideal con tal ardor, que no parece ser el mismo que creó un estado legislado, el matrimonio, las pertenencias, los territorios, y la Iglesia. Si me lo preguntan, libertad es el aterrador monstruo que vive en las peores pesadillas del hombre.
*¡Nunca es prudente alabar a un hombre sabio por encima de un hombre bello, pues sería tan estúpido como alabar a un escarabajo por encima de una lagartija, cada cual es ta sólo un manojo de especificaciones genéticas, y nadie es digno de alabanzas ni del menor desprecio; pues entiendan que nuestro libre albedrío es simplemente inexistente!
*¡Los humanos no son complejos, la gente se pierde en la confusión de los colores, sonidos, gestos, y significados; pero, mira profúndamente, a todos los mueve el mismo deseo interno de maldad y el mismo deseo externo de ocultarlo!
*El ser humano es unabestia enjaulada, por sí misma, palpitante, agitada y deseosa de escapar, pero dominada bajo los cerrojos de un comportamiento aprendido y fomentado desde sus primero años.Toda intensión que nos deja ver es tan falsa como él mismo; tras el invento del amor se halla el sexo, encapsulado en el corazón, símbolo de la negación en que vive.
*El bien y el mal: Muchas veces hablamos con tal simpleza, del bien como lo constructivo y del mal como lo destructivo, pero ¿Qué mal puede haber en un incendio provocado por la naturaleza, que fertiliza las semillas para una nueva generación de plantas; y qué de bien puede haber en las fastuosas construcciones humanas que acaban con la vida?
*¡No nos engañemos, la televisión y la web siguen siendo muy parecidas; sólo que en la televisión existe un guión para las idioteces que presentan, y en la web es un acto meramente espontaneo!
*Decir estupideces es saludable, y es digno de personas inteligentes, pues la inteligencia nos permite jugar en diferentes niveles; pero ten cuidado, si solamente sabes decir estupideces, entonces no eres más que un estúpido!
*El ser humano tiene una sola manera de conocerse y esto es por medio de los demás, pero nuestra sociedad nos hace una suerte de espejos empañados que se deforman entre nuestra necesidad por evitar enfrentamientos; todo mejoraría si en lugar de fingir, expresáramos lo que en vdd sentimos por las personas, así podríamos saber lo que en realidad somos!!
*A favor de la religión, ¿Si no puedes creer en alguien en el que creen millones de personas? ¿¡cómo puedes creer en alguien en el que nadie cree!?: Tú!
*El ser humano es, sin lugar a dudas, la peor idea que ha tenido la naturaleza.
*Una vez unos niños comenzaron un larga obra de construcciones de castillos de arena, y en  su obsesión hicieron mil, y para cuando el sol se ponía  lloraban porque
pensaban que se habían acabado la playa; así de ridícula es la creencia de los hombres cuando piensan que sus razguños infantiles podrían  llevar al exterminio del mundo.
*¡Comprender al humano en toda su ruina, no es de ninguna manera ser malvado” ¡Maquiavélico como sinónimo del mal es entonces una falacia por generalización de inducción errónea!

Un hortelano tosco y entrado en años, hallábase cortando manzanas en la tranquilidad del sol de mediodía, entonces, el Diablo, que a veces jugaba a observar a los hombres, al ocurrírsele un negro plan, se disfrazó de Dios y se hizo el aparecido.

Con toda gala, haciendo tronar al cielo y acompañado de un esplendor divino llegó caminando entre las hojas, que crepitaban fragorosamente.

El hortelano, hombre creyente de tradición, al instante se puso de rodillas y comenzó a alabarlo.  Este le pidió que se levantara y le dijo que había visto cuánta maldad corroía a la tierra y cuánto mal en lugar de bien se heredaba a los hijos.

El hortelano, asentía tan fuerte con la cabeza que tumbó su sombrero muy lejos.

Era así, que como había olfateado bondad en su corazón, le tenía una tarea muy especial.

El hortelano, besó los pies del supuesto creador y prestó atención a sus palabras:

–          Entra en aquella oscura cueva, y grita al eco toda la codicia que sientes, todo el odio que alguna vez guardaste, toda la envidia y el miedo que escondes y luego, cuando te halla devuelto una semilla, siembra un árbol. Una vez listo, me llamas.

El hortelano no titubeó un instante, y corrió a la cueva sin intentar comprender cómo ayudaría eso a los hombres.

Así lo hizo, luego corriendo desatinadamente, llegó a su hortaliza, y en un lugar especialmente fértil comenzó a sembrar la negra semilla obtenida.

Dios, que siempre observaba los actos del hombre, y para evitar que el diablo se saliera con la suya, también bajó a la tierra, pero no quiso ser tan evidente, así es que optó por disfrazarse del Diablo.

Llegó sin más aspavientos donde el hortelano y se sentó con ingenuidad a su lado, preguntándole en qué empresa se entregaba con tanto celo.

–          Siembro algo, con el fin de la ventura humana, señor.

–          ¿Y qué es lo que siembras, si se puede saber?

–          Odio, codicia, miedo, rencores, amarguras y envidia.

–          ¿Y qué esperas cosechar con semejante siembra?

Entonces el hortelano volteó y al encontrarse cara a cara con Lucifer, cayó de espaldas y empezó a tiritar sin freno.

–          ¿Quién te ha pedido tan particular empresa?

–          Di-di-¡Dios! –Contestó el hortelano al borde de un colapso.

–          Me parece que mucha ventaja has dado a ese tramposo, ¿Estarías de acuerdo en emparejar un poquito las cosas?

El hortelano asintió con la cabeza, entonces el supuesto rey del infierno le pidió que fuera a aquel claro estanque y se tranquilizara, luego vería reflejado su amor, su esperanza, su alegría, su ingenuidad y las aguas le devolvieran una semilla, que corriera a sembrarla al lado de la otra, y cuando hubiera madurado el árbol, lo llamara.

Así lo hizo el hortelano, más por miedo que por otra cosa.

Una vez que los árboles crecieron lo suficiente para dar fruto, llamó a Dios, pues lo halló más prudente.

Se presentó rápidamente el Diablo portando otra vez su disfraz, y esta vez a gritos y amenazando al hortelano, le ordenó que cosechara rápidamente y al tiempo diera de comer cada uno de esos frutos rojos y apetitosos a los hombres.

El hortelano, terminó de cosechar los jugosos frutos y antes de cumplir con la obligada empresa, pensó que sería bueno llamar también al Diablo, pues no sabía qué clase de cosas podían pasarle si no lo hacía.

Llegó Dios con rojizo traje, meneando la cola y sin perder su clara sonrisa.

Antes de dejarle decir nada, el hortelano farfulló chillonamente:

–          ¡No me lo digas, ahora quieres que corte todos esos feos, secos y cenizos frutos y se los dé de comer prontamente a los hombres!

–          Te equivocas –contestó sereno Dios

–          Esta vez no quiero que hagas nada, sin embargo, te aconsejo que te detengas un minuto y mires lo que estás haciendo.

Dicho lo cual, se fue caminando hasta perderse entre los árboles frutales.

El hortelano dio poca importancia a estas palabras y continuó cortando los bellos frutos que el falso Dios le había encomendado, pues el árbol se había vuelto a tupir y aunque seguía cortándolos, estos continuaban apareciendo.

De repente, cansado, se sentó un momento y pensó en las místicas palabras del Diablo, pensó en los gritos de la cueva y en la serenidad y belleza del estanque. Entonces cortando uno de los cenizos frutos del Diablo, lo comparó con uno de los rojos frutos de Dios.

Corrió a su cabaña por un hacha y tiró el árbol de Dios, luego se dio media vuelta y tiró también el árbol del Diablo.

Dios, esta vez sin disfraz, llegó como un tranquilo rayo de sol.

–          ¿Por qué hiciste eso?

–          Soy tosco, no entiendo todo, pero nada bueno puede salir de sembrar odio, rencor, envidia, egoísmo, por eso tumbé el árbol.

–          ¿Y por qué has tirado el otro? –dijo el señor aclarando aún más su sonrisa.

–          Sembrar bondad, amor, esperanza y alegría es loable, pero mi intención estuvo contaminada desde el inicio, lo que convierte al fruto de mis actos en algo cenizo e inútil a los hombres. Debemos juzgar con rectitud y no guiarnos por las apariencias.

Dios le guiñó un ojo, como quien da confianza a un niño y regresó al cielo feliz, pues siempre da satisfacción a un padre la lección aprendida por parte de un hijo.

FIN

J.MangaS

En un rechoncho roble de crespas hojas vivía un curioso personaje llamado Don Conejo Pinturero. Era un joven conejo y su fama de gran pintor se extendía por todo el bosque y más allá.

Su casa se hallaba decorada con todas las pinturas que había hecho de los personajes más grandes y poderosos del bosque, ya que al ser el mejor retratista retrataba sólo a la crema y nata, así que ostentaba enormes lienzos del gran Rey León, del feroz General Oso, del Gato con Botas, del Tenor Luciano Saporotti, y hasta de la hermosa conejita de las revistas, que por cierto había sido su novia algún tiempo, y a un sinnúmero de personajes de las más diversas profesiones.

Pero un buen día concluyó que era demasiado bueno como para seguir pintando a personalidades famosas y pensó que si quería subir de nivel debería de pintar algo más que celebridades, algo enorme, algo digno de él y pensó que si buscaba a alguien que estuviera por encima de todos y de todo, debía de pintar al Sol.

Tomó el lienzo más grande que tenía, un costal de tubos de pintura de todos los colores, su pincel favorito y salió en busca del astro rey.

Pero al llegar a donde el sol extendía sus rayos se encontró con un cúmulo grisáceo de nubes cómodamente instaladas enfrente de él. El conejo se apretó el sombrero y gritó:

-¡Muy buenos días señor Sol, soy Don Conejo Pinturero y sería un honor para mí y sin duda para usted, el que yo pudiera hacer un retrato suyo! Pero antes ¿Podría rasurar  su rostro de esas grises nubes para que pueda verlo mejor?

-¡Don conejo pinturero, todo un señor, para mí sería un honor el que tú me pintaras, pero yo nada puedo hacer para mover a estas damas, ellas van y vienen donde ellas quieren y ni yo puedo darles semejante orden!

Entonces Don conejo pinturero se dirigió a las nubes gritando en tono amable.

-¡Hola hermosas señoritas de afelpado vestido gris! me llamo Don Conejo Pinturero y debo hacer un retrato del sol, ¿Podrían moverse unos cuantos metros para que me dejen verlo?

-¡Don conejo pinturero, pero qué linda sorpresa, es un placer tenerte por acá, y con todo gusto nos quitaríamos, pero nosotras no tenemos pies como tú!

-Más, en pago a que nos has pintado en muchos de tus cuadros -añadió otra- te diremos quién puede ayudarte. Busca al señor Viento y pídele que sople con dirección al norte, con eso nos moveremos y podrás pintar libremente al Sol.

-¡Muchas gracias hermosas nubes!  Pero díganme ¿Dónde puedo encontrar a ese señor?

-Eso no lo sabemos, pero el sauce te lo puede decir, ellos dos solían ser muy buenos amigos. Pero será mejor que lleves una sombrilla porque es un llorón.

Don conejo pinturero dio las gracias, se despidió y se dirigió donde el sauce llorón.

Allí en un paraje de largas yerbas encontró a este llorando, y resoplando en un pañuelo, Don Conejo le habló en tono firme:

-Muy buenos días señor Sauce, soy Don Conejo Pinturero y me dijeron que usted era muy buen amigo del viento, así es que me preguntaba si me diría ¿En dónde puedo  encontrarlo?

El Sauce habló entre sollozos y suspiros.

-¡Hola Don Conejo pinturero! Snif, Pues hace tiempo que no lo veo, snif, pero seguro que sé dónde se encuentra, snif. Pero, snif, primero quiero que me hagas un favor, y yo te diré dónde se encuentra recluso mi amigo.

-¡Claro, encantado! -Dijo el conejo exprimiéndose las orejas, pues por las lágrimas que le salpicaba el sauce parecía que estaba bajo un fuerte aguacero.

-Verás, snif, hace ya tiempo que no puedo dejar de llorar, por la mañana y por la noche, con frío o con sol, y ya me he acostumbrado a tal grado que ya ni sé por qué lloro; Snif,  si tú pudieras averiguar la razón de mis lágrimas yo con mucho gusto te diría dónde se encuentra mi compadre Ventarrón.

-Bueno, ¿Pero yo cómo voy a averiguar eso?

-Lo más probable es que el viejo cuervo lo sepa, ya que los dos éramos también grandes amigos, hasta que me volví un llorón y se fue, ve donde él y pregúntale, lo reconocerás porque tiene una pata azul.

Don conejo se despidió, esta vez contrariado, pero amable aún y partió hacia un dorado maizal donde había visto que muchos cuervos se reunían a comer.

Cuando llegó encontró a estos pajarracos revolcados en el suelo, dando estruendosas carcajadas y señalando hacia donde un viejo cuervo yacía encorvado sobre una enorme mazorca, al instante reconoció la pata azul y se dirigió donde este.

-Hola, soy Don Conejo pinturero, el Sauce me dijo que usted podría decirme por qué no puede dejar de llorar.

-Hola Pinturero, claro que sé porqué llora mi amigo, pero te lo voy a decir tan sólo si tú me haces un favor primero

Don conejo pensó negarse, pero ya había llegado muy lejos -Claro, creo que hoy es el día de los favores después de todo.

El cuervo parpadeó un par de veces para enfocar a Don Conejo, bajó hasta donde estaba y dijo:

-Bien, como verás esos jóvenes cuervos ríen a carcajadas de mí, y la culpa no es suya, sino de ese malvado granjero que pone unos terroríficos espantapájaros, y yo por mi edad siempre termino llevándome unos  sustos de muerte; lo que quiero que hagas es que le des un gran susto al granjero.

Don Conejo aceptó, se apretó el sombrero pues no sabía cómo rábanos iba a hacer eso y marchó en dirección de la casita del granjero.

Al llegar recordó las palabras de su padre, que era también un artista muy respetado <<Hablando se entiende la gente>> Así es que tocó a la puerta y se dispuso a hablar con el granjero antes que intentar pegarle un susto. El granjero que era un hombre amable lo invitó a pasar.

-Muy Buenos días señor, mi nombre es Don Conejo Pinturero y vengo a pedirle un favorsote del tamaño del cielo.

-Faltaba más amiguito, dime qué es lo que se te ofrece.

-Yo soy un gran pintor y me he encomendado la tarea de pintar al Sol, y no sé cómo me he envuelto en tantas cosas, endeudándome entre favor y favor es así,  que necesito que usted salga corriendo y gritando de su casa.

-Seguro que sí amiguito, pero la cortesía se devuelve con cortesía, así es que primero me gustaría que me hicieras un pequeñísimo favor del tamaño de un granito de maíz -Don Conejo sintió que le arrojaban un cubetaso de agua fría en la espalda-  Mi esposa murió hace un par de años y por las labores de mi granja, nunca he tenido tiempo de llevarle ni un mísero ramo de flores, si tú me trajeras unas violetas yo te daría gusto con lo que me pides.

Don Conejo aceptó haciendo una mueca y salió a buscar las dichosas violetas. Caminó un par de kilómetros y en una pradera verde esmeralda encontró a un enjambre de abejas que volaban confundidas hacia todas direcciones, carraspeó la garganta y se dirigió a la primera que tuvo al alcance.

-Buenos días Doña Abeja, yo soy…

-Lo sé, lo sé, eres Pinturero, pintaste a nuestra reina, sí, sí ¿Quieres ir al grano? ¡No sé si lo notaste pero estamos realmente ocupadas por aquí!

-Bueno, ¿Me podría decir dónde puedo cortar un buen ramo de violetas? –Dijo correteando al nervioso insecto.

-Claro que te puedo decir, conozco este prado como las franjas de mi abdomen, pero no sé si lo notaste, pero estas flores no quieren abrirnos el día de hoy, si tú pudieras hacer que nos abran yo misma te llevaría donde se encuentran las violetas.

-¿Y cómo puedo hacer eso?

-Pues es sabido que lo único que puede hacer que se abran las flores es el brillo del sol, pero hoy está muy apagado, si tú pudieras convencerlo de brillar yo te ayudaría a cortar las mejores flores.

Don Conejo se trepó en un enorme árbol y volvió a gritarle al sol:

-Señor Sol, esta vez no vengo sólo porque quiera retratarlo, muchos dependemos de que usted alumbre, como por ejemplo mis amigas abejas, quienes se quedarán sin comida a menos que usted se descubra la cara.

-Hola Don Conejo, ya te he dicho que yo de mil amores brillaría, ya que no me escondo por placer, pero no puedo mover a las nubes, ni tampoco pedirles que se vayan porque dejarían de hablarme, si quieres que brille tendrás que quitarlas tú mismo.

Don conejo un tanto enloquecido por no obtener nada cortó una larga rama del árbol donde se hallaba trepado, le amarró su pincel más puntiagudo, extendió los brazos y dio unos tremendos pinchazos a las nubes, estas se sacudieron y comenzaron a llorar gruesas gotas de lluvia; las gotas se impactaron en las abejas como una ráfaga que las tendió en el suelo, don conejo recogió a la abeja con la que hablara momentos antes y corrió donde se hallaba el campesino; lo tomó despistado y le metió el insecto al pantalón, la abeja propinó un doloroso piquete al granjero haciendo que este saliera corriendo,  gritando y manoteando hacia el maizal; el cuervo al ver esto le confió Don conejo que lo que había hecho llorar al sauce era un patadón que le había dado y que le había puesto su pata azul; el Sauce al escuchar esto se puso a llorar, pero esta vez de risa, recordando que se había merecido la patada pues le había metido un buen susto a su amigo el cuervo, entonces le contó que su compadre Ventarrón se hallaba escondido en una negra cueva y le recomendó que le dijera que iba de parte suya, así no podría negarse a hacerle favor alguno.

Don Conejo llegó a la cueva y encontró  al viejo Ventarrón, dijo que iba de parte del Sauce y le pidió que soplara un fuerte viento norte; este  lo hizo sin chistar lanzando a las lloronas nubes muchos kilómetros lejos del brillo del sol.

Don Conejo sacó su lienzo y pudo por fin sentarse a pintar su anhelado retrato del sol.

De vez en vez y entre pincelada y pincelada Don Conejo Pinturero sonreía pues recordaba que todo lo que había hecho le había enseñado que “Hablando se entiende la gente” pero “Actuando se logran las cosas”.

FIN

La gallina, el avestruz y la pata tonta.

Hubo una vez en unos pobres parajes tres alegres amigas quienes disfrutaban mucho pasar el tiempo juntas, juntas se iban de excursión y juntas regresaban, si en el lodo una caía, al momento la tres estaban; se confiaban sus miedos y sus anhelos, se consolaban cuando no marchaban bien las cosas, o si alguna vez surgía un problema por malentendidos de plumas y picotazos (ya saben, cosas de mujeres) lograban arreglarlo con un fraternal abrazo. Siempre ala con ala amigas ideales no dispensaban cuidados y cariños para la otra, forjándose así una fuerte amistad.

Pero es bien sabido que el tiempo no pasa sin mover las cosas, cuanto mejor son pone mejor empeño en ser implacable, y al alba de un nuevo día sucedió que las amigas se hallaron adultas y viéndose atrás sus juegos y cándidas risotadas, surgió el crudo tema de qué hacer con sus vidas.

-Pues bien -expuso la mayor de ellas, y también la más centrada, que era la gallina- muy pronto comenzaremos a traer huevos a este mundo y mis padres me han dicho hasta el cansancio que eso es una enorme responsabilidad

-Si lo sabré yo ‘manis’ -instó el avestruz- ¿Han visto el tamaño de esas cosotas en mi familia? ¡Cielo santo qué dolor! No, no, no ¡Qué dolorazo!

-Así es, pero me refiero también a que es mejor saber de antemano qué vamos a hacer con este don que nos ha otorgado el creador, planificar el mañana es no sufrir el hoy -completó la gallina

-Cierto, cierto, nada se debe tomar a la ligera ‘manis’, yo lo sé, yo lo sé, lo ligero dejémoslo para las hormigas que ponen unos huevecitos apenas distinguibles de la arena, nosotras tenemos una enorme responsabilidad y más yo, si lo sabré ‘manis’, ¡Si lo sabré con tamaños huevos!

Sólo la pata, tímida como siempre, se reservaba su opinión y escuchando atenta el cacaraqueo de sus dos amigas, se limitaba a asentir a todo.

-La situación es cada vez más difícil -prosiguió la gallina- y debemos saber cómo ganar la papa, todo don que se nos ha dado debe servir para ganar la papa.

-Cierto es, cierto es ‘manis’-farfulló la avestruz- toda razón tienes, toda razón tienes; hay que hacer algo, hay que actuar, ¡Si lo sabré yo que he vivido en pobreza, con sólo un hoyo donde meter la cabeza! Porque mi madre se dedicó a los hijos  y dar aquí y dar allá y nunca hizo nada ¡Si lo sabré yo ‘manis’!

-Les cuento lo siguiente -dijo la gallina con calma y con saber en sus ojos- acaban de abrir una granja que se dedica a la comercialización, entre otras cosas, de huevos, así es que sugiero que trabajemos ahí, la paga no es excelente, pero es constante, y pondrían un techo sobre nuestras cabezas.

-Mmm, no lo sé, no lo sé -exclamó la avestruz- como dije, mis huevos son una enorme responsabilidad, debo pensarlo, bien, muy bien, no son cualquier huevo, no como los tuyos

-¿¡A qué te refieres testaruda!? Mis huevos son los más apreciados por los humanos, además yo pongo alrededor de 290 huevos al año, ¿Dile tú turulata si puede superarme en algo?

-N-no, no me lo parece -contestó suavemente la pata

-¿No te lo parece zonza? ¿Acaso has visto el tamaño de aquellos? Si parecen pelotitas de golf los desgraciados, de golf, no sabría si empollarlos o jugar a las canicas, no, no, no, yo sí que tengo que pensármelo, ¡Con cada huevo del tamaño de esta gorda gallina!

-¡¿Cómo te atreves, yo gorda?! ¡Tú cabeza de chorlito, con los ojos saltones, más grandes los tienes que el cerebro! -y a nada estaban de darse con todo, cuando la pata, para evitarlo, expuso sus planes de vida

-Pues yo he pensado que voy a empollar mis huevos, tener patitos, voy a cuidar de ellos, trabajar para ellos y darles todo cuanto sea posible, eso será mi vida.

Al instante se olvidaron de su riña y atendieron asuntos de mayor preocupación, ensañando su ira con la pobre y “despistada” pata

-¿Pero qué has dicho hija mía? -sermoneó la gallina- ¿Me engañaron mis oídos o escuché que vas a criar hijos?

-No, ya lo he pensado y es lo que me haría sentir bien y realizada

-No niña no -chilló la gallina- tú estás mal, yo llamaba a esta testaruda -dijo señalando a la avestruz-, pero no te había visto a ti, ¿Piensas entregar tu vida a un montón de mocosos? Que a lo más te dan las gracias o te dejan molida de corajes y penas como a mi hermana Cocorita, que solitita renguea su vejes sin haber logrado nada.

-No, no, no; mala la cosa, mala la cosa nenita,  eso se oye muy mal, se oye peor que lo de la granja, tan siquiera mi ‘manita’ va a obtener algo a cambio, un techo y pan a cada rato, tú quieres vivir para otros, si lo sabré yo turulata, si lo sabré yo, ¡Que mi madre antes que otra cosa se dedicó a empollar cada huevo que tuvo, y a darles todo y ellos sólo la espalda cuando se fueron, si lo sabré yo que hay que pensarse bien las cosas!

– Yo no sé a qué e voy a enfrentar, pero sí sé que no puedo pensar en nada que me haga sentir más feliz y realizada, no por lo que voy a obtener, sino por lo que voy a hacer para obtenerlo.

– Hay niña, qué confundida estás, el disfrute debe estar al final de la jornada, la felicidad no es el proceso, sino el final de ese proceso, y el proceso debe ser sufrido para que rinda algo bueno.

-¡Pero vaya niña obstinada!, no hace caso a sus amigas que la han querido siempre, en fin, sólo tú pagarás por tus malas decisiones -auguró con seriedad la gallina y se retiró abrazada de su otra vez amiga avestruz.

-Yo por lo tanto me dedicaré a poner el más grande huevo, el más especial, el mejor de todos y entonces sólo así me dedicaré a empollarlo, y cuando nazca una majestuosa ave, como nunca ha visto alguien, la rentaré a una granja y viviré de lo que me paguen, sólo empollaré el especial, sólo el más grande, ¡Porque sé lo importante que tiene que ser! ¡Si lo sabré yo!

Y ambas amigas se fueron riendo su colosal plan de vida dejando a la pata con sus tonterías.

Puso un día su primer huevo la avestruz, un huevo grande y hermoso, pero a sus exigentes ojos sólo era un pobre mendrugo a lo que habría de venir si empollaba el siguiente, así es que tomo esa “miniatura” y corrió a la casa de su vecina, doña tejón, quien era bien sabido, pasaba siempre por apuros económicos con cinco tejoncillos qué alimentar y un marido que se decía no le faltaba un hogar donde estar.

-Doña comadreja, señora, mire que le he traído un manjar, para que nutra a sus críos y ayude a su situación, ¡Que si sabré yo está difícil! Le dejo este pequeño huevo que ya vendrán otros más y no quisiera tan pronto conformarme yo con tan poca cosa, pero a usted seguro que le sirve.

-Vaya, vaya, tan especial regalo, no le hallo en mejor momento, ahora que mis pequeñitos se hallan en la escuela y necesitan la energía los ‘pobretines’, ¡Se lo agradezco señora y otro día la espero por aquí, que esta es su casa!

Y se fue la avestruz de regreso a su pobreza, con la cabeza en alto viendo doble provecho en buscar siempre lo mejor para ella y ayudar al desamparado.

La gallina entre tanto estaba envuelta en la locomoción productiva de la granja que no le daba momento siquiera para saludar a su familia, un huevo diario era la meta y había que cumplirla, pues se decía que las gallinas que no lo hicieran iban a salir tan pronto como habían entrado, así es que la gallina, responsable ante todo, llegó a poner incluso dos al día por ser la mejor.

La pata puso su primer huevo y se dedicó a empollarlo, sin importar el frío o el hambre, se sentaba todo el día a brindarle calor, anhelando el momento en que se rompiera la cáscara.

Un día más y la avestruz puso otro huevo, esta vez enorme, precioso, mejor que el anterior, pero a los ojos del que quiere mucho, nada nunca es suficiente, y por segunda vez se halla la niña en casa de doña tejón obsequiándole el “pequeño” en pro de su situación, y como a caballo regalado no se le ve colmillo, esta lo recibió con grandes alabanzas y vivas de sus cinco niños.

Una vez más la avestruz salió con la cabeza en alto, segura de haber hecho lo correcto.

La gallina se hallaba trabajando como nunca se hubiera imaginado, pues se rumoraba ya de un excelente plan de retiro para aquellas que hubieran servido bien a la granja, cuando ya no pudieran poner un huevo más, y esto la motivaba a soportar las terribles jornadas.

Cierto día se supo que el bebé de doña pata nacería y las amigas, aunque recelosas, amigas, fueron a verla, la una de paso a desechar otro infame huevo, la otra aprovechando el único día de vacaciones que le daban al año.

La gallina llegó luciendo unas lustrosas zapatillas, el avestruz un majestuoso huevo, la pata las recibió con la humildad de siempre y mostró a su pequeño y feucho niño, las dos copetonas señoras al instante sintieron un enorme rechazo por él y no fueron así sus esfuerzos por ocultarlo.

-¡Ay ‘manita’ si no querías hacer las cosas, no las hubieras hecho de mala gana! -criticó risueña el avestruz

-No juzguemos a las personas por su aspecto -señaló altiva la gallina- pero mira cómo tropieza sin sentido el pobrecito, se nota a leguas desnutrido, permite que te deje un dinero para que te ayude

La pata esta vez realmente enojada, corrió a las dos amigas con graznidos que demostraban por fin carácter, todo por defender a su criatura.

Las dos amigas salieron sin problema, desdeñando la amistad de un ave de tan poca monta.

Los días pasaron y la gallina continuó con su ajetreo, esperando el día de su soñado “plan de retiro” y el avestruz esperando el huevo ideal.

Pues sucedió que por fin un día el avestruz puso un huevo majestuoso, más enorme que el que ninguna avestruz hubo puesto nunca, terso y brillante, como una gran perla, que por fin satisfizo las exigencias de la señorita, así es que decidió que este sí era digno de empollarse y se sentó en él esperanzada en la majestuosa ave que de él surgiría, pensando con lujuria en todo lo que ganaría rentando a su hija, o bien exhibiéndola, o ya vería cómo ganar dinero con ella, porque algo tan bueno siempre habría de dar una mejor recompensa.

Llegó la noche y doña tejón se preguntaba por qué ahora no había venido a socorrerla su puntual bienhechora, dieron las diez, las once ¡Las doce! y sus pobres tejoncitos chillaban a gritos la comida, pues acostumbrada ya a la ayuda poco si no es que nada hizo por conseguir su propio sustento.

Así es que decidió salir a visitar a su noble benefactora. Pero al llegar se encontró con que esta se hallaba empollando lo que pudo haber sido una deliciosa cena. Doña Tejón, desesperada por llevar algo a sus hijos, corrió por una roca que fuera parecida al huevo en el que estaba echada la avestrúz y con un rápido movimiento los intercambió de lugar, llevándose el huevo y dejando a la avestrúz encima de la piedra, el avestrúz que roncaba como un perol ni se dió por enterada.

A la mañana siguiente el avestruz seguía sentada, no hizo esfuerzo por moverse, por no incomodar a su majestuoso huevo, que pronto (sí cómo no) sería un ejemplar de ave. Y aún hoy se le ve sentada, pobrecilla avestruz, toda vieja y amargada, pues sin saberlo la ingenua sigue empollando nada, sólo  una roca como ella.

La patita feliz gozó la crianza del chamaco, vivió una segunda infancia, tuvo un amigo fiel y al cabo de otro tiempo a un incondicional sostén, que la llevó donde nunca pudo haberse imaginado.

Y de la gallina, qué puedo decir, si es claro, que quien se fía del humano, y de sus “planes de retiro” se encuentra menos que frito y no es lenguaje figurado.

J. mangas

Había una vez un gusanillo apocado y miedoso, que le tenía un especial miedo a la oscuridad, y por lo tanto un terror indescriptible a la noche.

Gusanillo percibía la noche como una negrura malvada que servía como manto de escondite para fantasmas y todo tipo de criaturas viscosas, roñosas  y deformes que esperaban algún descuido suyo para hacerle daño.

Así es que, para poder soportar esta diaria faena, se había hecho amigo de una luciérnaga, a la cual corría a buscar en cuanto el sol abandonaba la espesura del bosque.

-Amiga mía -decía zalamero al llegar con la luciérnaga- me acuerdo todo el día de ti y de tu bella compañía y no puedo evitar venir contigo, es lindo verte a diario, ojalá que esta amistad no termine nunca.

La luciérnaga siempre encantada de tanto mimo, recibía igual de amorosa a su amigo y juntos pasaban una iluminada noche, viviendo buenas aventuras, correteando y explorando cada rincón del bosque, siempre de la mano, cuidándose el uno al otro, y contándose todos sus secretos.

Hasta que una vez más el astro rey florecía con sus pétalos dorados y cada cual retomaba por su lado.

Así pasaron los días y entonces sucedió que un envidioso y solitario azotador, molesto de ver a los dos tan contentos y anhelando la luz de la luciérnaga, urdió un plan para su provecho.

Se arrastró pesadamente hasta donde la luciérnaga se encontraba iluminando a unas hormiguitas obreras, carraspeó la garganta y con voz seca le dijo:

-¡Vaya, vaya señorita  yo esperaría de tan brillante insecto un superior intelecto!

-¿Qué dices azotador?  -contestó molesta la luciérnaga- Habla claro, siempre con tus rimas, si vienes a decir tus locuras mejor ve a arrastrarte a otro lado.

-No te molestes doncella, no arrugues esa cara tan bella; sólo digo que tu amigo, tiene otro fin al estar contigo

-¿Cómo que otro fin? ¿Qué quieres decir, bribón de pelos parados?

-Dama gentil, no se enoje, todo el asunto hace que un servidor se sonroje; digo verdad, lo juro, cuando digo que su amigo tiene miedo de lo oscuro.

-¡No, no, eso es imposible, somos los mejores amigos y nos contamos todo, él me lo habría dicho, no eres más que un loco, solitario y metiche delincuente!

-Bueno, calmada, no me llame entrometido, yo tan sólo la he advertido; más contésteme una sola cosa ¿Por qué su amigo, si no es fantoche, lo es tan sólo cuando es noche?

Y una vez dicho esto, el azotador se fue arrastrando su espinoso cuerpo con una deliciosa sonrisa, dejando a la luciérnaga sumida en reflexiones.

Pero nunca son tantos los males, es así que un burlón cuervo que pasaba por ahí y que había oído todo, no dudó en hacer más penosa la situación de la confundida damita, graznando mofas y carcajadas; pero la luciérnaga que no estaba de buen humor, voló hasta donde se encontraba el vil pajarraco  y le deslumbró los ojos con una fuerte luz, el pájaro planeó directo hacia un árbol y cegado se estampó de lleno con este.

Volvió a reinar la luna y con ella llegó como siempre el gusanillo. Quien volvió a deshacerse en halagos y mimos.

-Bonita niña, pero qué linda luces hoy, ya no podía soportar tanto tiempo sin verte y es que cuando estoy sin ti es como si me faltara un ojo -dijo dando un fuerte abrazo a la luciérnaga, quien sólo contestó con una leve sonrisa.

-¿Amigo mío, te parece si apagamos un momentito mi luz, para que podamos admirar brillar con toda su gracia a esas lindas estrellas? Además me siento un poco cansada -comentó pícara la luciérnaga

El gusanillo contestó enseguida al borde del espanto -¡No, yo no lo creo buen plan amiga mía, no, y es más, pienso que deberías alumbrar aún con más fuerza! Ya que aunque te canses un poquito, ¿Dime tú si no es mejor vernos los dos antes que a esas aburridas estrellas?

-Pero es que la oscuridad también es algo bello ¿No lo crees? -insistió la luciérnaga

-Por supuesto que lo creo, y debo decir que me encanta, me fascina la oscuridad, con su magia, los males que oculta a nuestra pobre vista y todo, ¡Pero poder verte es mejor que mil y una noches!

La luciérnaga contuvo su enojo y terminó la velada con su amigo como siempre lo hacía, sin dar sospecha alguna de su malestar.

A la luz del primer rayo de sol el gusanillo ya se había marchado, entonces, ni tarda ni perezosa y movida por un gran despecho se dirigió donde el azotador.

Este se hallaba esperándola

-¿Dime a qué debo dulce hadita, tan inesperada y primorosa visita?- Exclamó tranquilo el azotador al tiempo que daba un buen sorbo al te amargo que se preparaba.

-¡Vine porque aunque eres un malvado, es cierto lo que dices, comienzo a sospechar que al gusano sólo le intereso por mi luz! -contestó furibunda la luciérnaga

-¡Vaya, qué dolor es el que siento, por cada espina mía que lo lamento!

-Déjate de tu compasión y dime ¿Cómo debo hacer para vengarme del condenado gusano? ¡Quiero enseñarle una buena lección, para que no vuelva a tratarme como un objeto, aprovechándose de mis sentimientos!

-¡Qué correrías del destino, niña mía te juro que obras por el buen camino! –dijo y su sonrisa se hacía cada vez más evidente.

-¡Dime de una vez qué debo hacer, y acabemos con esto, que tus versos hacen que me duela la cabeza!

-Muy bien haremos lo siguiente, y lograremos a tu amigo hincarle el diente: ¡Para probar si el gusano es a ti a quien necesita, vas a entregarme niña esa brillante lamparita!

-¿Yo? No, yo no creo que sea una buena idea…-Clamó dudosa la luciérnaga, alejándose del azotador.

-¿Acaso no y dime si miento, deseabas al gusano dar un escarmiento?

-Sí, pero yo no pensé que para eso debiera pagarte un precio tan alto

-Mentira linda, llamas tú salario, lo que es tan sólo un movimiento necesario

-Yo, no lo sé…

-¿Por qué es que dudas estrellita?, una vez que lo hayamos escarnecido, al momento te regreso tu valiosa lucecita y como si nada hubiese sucedido. –Argumentó el azotador valiéndose de su rostro más sincero.

La luciérnaga al fin seducida, se quitó su foquito y bajó a entregárselo al azotador, el cual sin poder ocultar más su triunfante sonrisa enseguida se lo acomodó en la cola.

Cuando el antes luminoso insecto quiso arrepentirse, el azotador le dio un coletazo que la dejó tendida en el suelo, la amarró a una rama y festejó con una estruendosa carcajada.

-¡La luz es mía! ¿Lo pueden creer?, por ser tan ciega haz ignorado que oír al mal, aun diga bien, tan sólo mal te puede hacer.

El gusanillo, de vuelta  la noche, llegó y vio a lo lejos a su amiga quien brillaba esta vez con más intensidad que nunca, pero cuando se hubo acercado lo suficiente para darse cuenta de que no era ella, se encontró ya enroscado por el canalla azotador, quien lentamente lo iba sofocando con sus puntiagudas espinas.

La luciérnaga miraba con espanto toda la escena, pero al fin amarrada, nada podía hacer sino llorar y gritarle al gusano que nunca fue su intensión tenderle tan infame trampa, pero el que le ocultase su miedo a la oscuridad la había herido más que el azotador.

El gusanillo a punto ya de dar su último respiro alcanzó a clamar casi por completo vencido:

-Hice muy mal en ocultarte mi miedo, pero era más el de que tú me vieras con desprecio al saber quién era en realidad, y es verdad que te busqué en principio porque tu luz me sosegaba el susto, pero después comprendí, quizás demasiado tarde, que no era tu luz sino tu amistad la que me curaba de mi espanto.

El azotador, con triunfante sonrisa interrumpió, casi declamando:

-Linda redención, pero al fin va al pozo, con provecho he salido victorioso; ¡Si a mis consejos ella hubiera sido sorda, otra suerte, no estarían hoy al filo de la muerte!

-Así mismo el diablo triunfa en su camino, al aguzar la duda en un corazón débil y opalino.

Y el azotador estaba a punto de acabar con el gusano, tomándose su tiempo y disfrutando el sufrimiento de ambos, cuando el cuervo antes burlón hoy vengativo, planeó y se llevó de un picotazo a la odiosa luciérnaga al ver su luz brillando en el suelo, pero se encontró con una ingrata sorpresa cuando al intentar tragarla se topó con un gordo azotador que le dejó el pico completamente espinado.

El cuervo salió de ahí aullando de dolor, tirando la lamparita a los pies del gusano, mientras seguía retorciéndose en el aire.

Este sin pensárselo dos veces  la levantó y la aventó muy lejos, pues era su prueba de que la única luz que buscaba era la de la amistad de la luciérnaga.

Los dos amigos se abrazaron y ahora sin linterna se mantuvieron juntos noche y día, y hay quien asegura que al crecer se casaron y no me extraña, pues al fin y al cabo la amistad es sólo amor disfrazado.

FIN

J. Mangas

Diga usted sin alegatos

lector ilustre y coherente

si del campestre relato

¿La buena o la mala suerte?

En un paraje lejano, donde la vida era pobre, vivía un viejo campesino que comía de lo que cosechaba y dormía en una cabañita que él solo se había construido, y no tenía más pertenencias que una mesa y un catre donde echarse.

Había grandes jornadas de trabajo duro, pero un sueño satisfecho por las noches, no había tiempo para el ocio, pero tampoco para preocupaciones, así es que su vida no era feliz ni infeliz, sólo era su vida.

Más de una vez la luna había sorprendido al campesino terminando su larga jornada, y aún cuando el cansancio se acumulaba como ardor en su espalda, nunca se olvidaba de dar las gracias a Dios y  de pedirle que le regalara un nuevo día y si su gracia era tan grande un poco más de suerte.

Un buen día, Dios, que hacía tiempo que escuchaba los rezos del campesino y que había visto el enorme empeño que ponía en llevar su vida, decidió darle un regalo en recompensa por su fe y por su trabajo diario, así es que bañó su parcela con un haz de luz tan intenso como el sol.

Cuando la noche no terminaba de hacerse día, el campesino ya se hallaba de pie y se disponía a cosechar el maíz que había sembrado, pues de la venta de esa siembra dependía su comida de todo el mes.

Tomó una mazorca y le quitó las hojas para ver si el grano delataba la madurez del cultivo, pero en cuanto los granos estuvieron desnudos,  comenzaron a brillar de una manera que jamás lo habían hecho, el campesino pellizcó el elote, pero sus granos  estaban tan duros como una roca.

Alarmado comenzó a deshojar las demás mazorcas, pero encontró que ninguna se había salvado de esa peculiar infección, todas se habían convertido en un dorado metal.

El campesino estaba al borde del pánico, pues de ninguna manera podría vender el maíz en ese estado;  Después de un rato dejó a un lado su preocupación y pensó que al fin y al cabo esas mazorcas de metal podrían servirle para algo útil.

Cargó los granos en una carretilla y se dirigió a ver a su amigo el herrero. Al llegar le preguntó si podía fabricarle unas herramientas con aquel extraño metal dorado, pero sólo podría pagarle hasta el mes próximo porque su cosecha se había estropeado; el herrero disimuló el brillo en sus ojos, pues había reconocido el oro, y le dijo al campesino que no se preocupara, que le tendría listas sus herramientas y que el pago era lo de menos, que para eso eran los amigos.

El campesino salió muy satisfecho bendiciendo la bondad del herrero. Este sin dudarlo un instante, tomó un par de herramientas viejas que no había podido vender,  las pintó de dorado y se las llevó a su campestre amigo, vendiendo todo el oro y convirtiéndose en un hombre muy rico que nunca más tuvo que trabajar.

El campesino pidió prestado a un par de conocidos y sembró su campo de trigo. Con el cansancio y la preocupación a cuestas dijo sus oraciones y se tendió en un profundo sueño.

El señor, que había visto todo, pensó en darle un segundo regalo al despistado campesino, después de todo lo merecía por su incansable espíritu y su entrega leal. Y con otro rayo de luz volvió a bañar la siembra del campesino.

El agreste se ajustó el cinturón y en todo el mes que tardó en estar lista su siembra hizo distintos mandados para poder subsistir, pero al fin llegó el día de la cosecha.

A primera hora del día el campesino se dispuso a cosechar su trigo.  Pero a la hora de extraer su grano se encontró con que se había convertido en  pequeñas piedras de vivos colores.

El campesino no podía creer su mala suerte, se tendió en el suelo y comenzó a llorar, pensando que todo estaba perdido.

Al cabo de un tiempo se secó las lágrimas y pensó  que podría utilizar en algo útil aquellas piedritas de vidrio, no lo siguió pensando y cargó todas las joyas en una carretilla y se dirigió a ver a uno de sus amigos que se dedicaba a trabajar con cristal.

Al llegar le preguntó si podría hacerle unas ventanas con aquellos pedacitos de vidrio de colores, pero debería esperar hasta el próximo mes para recibir alguna paga ya que su siembra se había estropeado; el vidriero ocultó una sonrisa, pues había reconocido las gemas, diamantes y demás piedras preciosas, y le dijo a su amigo que no se preocupara que el pago era lo de menos y que se pondría a trabajar en sus ventanas al instante.  Y en cuanto el campesino se hubo ido sacó unas viejas ventanas de colores que tenía guardadas y se las llevó al campesino, vendiendo las joyas y convirtiéndose en un hombre muy rico que nunca más tuvo que volver a trabajar.

El campesino salió muy contento y dio gracias al señor por haberlo rodeado de tan buenos y nobles amigos.

De regreso a su cabaña pasó a ver a su amigo el herrero, para decirle que le pagaría hasta el mes próximo, pero al llegar encontró la herrería cerrada, un carpintero que se hallaba al lado le dijo que el herrero se había sacado la lotería y se había vuelo rico y que era posible que jamás volviera por aquí. El campesino le dio las gracias por la información y se fue pensando: -¡Caray si yo tuviera un poco de su suerte! Bueno, tal vez si yo hiciera un poco del bien qué él hace, compartiría un poco de su buena suerte.

Volvió a pedir prestado, removió la tierra para ver que nada estuviera mal con ella, dijo una oración y sembró su campo esta vez de nabo.

El señor, dispuesto a no darse por vencido con el campesino, volvió a bañar con un haz de luz su siembra, pues por experiencia sabía que ningún humano aprende a ver las virtudes que les provee a la primera.

El mes y medio que tardó en estar lista la siembra de nabo el campesino volvió a esclavizarse en mandados y labores, orando cada día para que su suerte mejorara.

El día llegó y el campesino se hallaba muy emocionado, al ver los tallos a más de un milímetro de altura, supo que era tiempo, corrió por sus herramientas y se preparó para cosechar sus nabos.

Pero en cuanto hubo clavado la pala en la tierra, surgió de esta un líquido negro y viscoso y de momento un chorro lo bañó de pies a cabeza.

El campesino pensó que ese líquido negro sólo podía ser acto del diablo y corrió a buscar al cura para que exorcizara a los demonios que se habían apoderado de su parcela.

El cura llegó y al ver el petróleo saliendo de la tierra le pidió al agrario que saliera de ahí, pues las cosas podrían ponerse feas, que se fuera con confianza a guarecerse en la iglesia, ya que él se haría cargo de todo.

En cuanto el campesino se hubo ido, el cura llamó a una bomba para que extrajera el preciado oro negro, lo vendió y se convirtió en un hombre muy rico que jamás tuvo que volver a decir un salmo.

El campesino dio las gracias al padre y regresó a su cabaña, se hallaba desolado, y se puso a rezar, ya que pensó que tal vez Dios estaba enojado con él y por eso le imponía tan crueles castigos

-Señor, yo sé que no he sido el más trabajador de tus hijos, sé también que no he sido el más fiel, y sé que he pecado de egoísmo, que me he aprovechado de mis grandiosos amigos, pero también sé que tu bondad y tu gracia sí son las más grandes, y espero que me perdones por todo lo que he hecho. -El campesino terminó su oración y se dispuso a comer la última ración de alimentos que le quedaba.

Al ver esto, Dios se apenó aún más por los infructuosos regalos que le había hecho al campesino, entonces bajó a la tierra en forma de un encorvado viejito de larga barba y llegó hasta donde este se encontraba.

Saludó desde lejos:

-¡Muy buenos días señor!

-¡Muy buenos días anciano, en qué le puedo servir!-Respondió el campesino disfrazando sus penas

-Me he perdido y hace días que no como, ¿Sería posible que me invitaras a tu mesa? ya que eso que cocinas huele realmente bien

-¡Por supuesto amigo mío, pasa a mi casa, que es también la tuya, y perdona lo humilde de mi guiso!

El campesino sirvió el guisado entero a su famélico invitado y él se sirvió sólo un vaso de agua.

Al terminar de comer, el viejo le dijo que en pago por su hospitalidad le concedería un deseo, lo que él quisiera, su más profundo anhelo, él podría hacerlo realidad.

Entonces el campesino sin titubear ni un instante dijo:

-Amigo mío, si es que es cierto que tal poder es tuyo, sólo hay una cosa que quiero y es que mi campo vuelva a ser el de antes, sin que me estremezca con sorpresas cada vez que intento cultivarlo, que me dé de comer cosechando lo que siembro, es todo lo que quiero.

El señor comprendió su deseo y regresó a las alturas prometiendo nunca volver a cambiar la rutina del fiel campesino.

FIN

J.Mangas

El triunfo de Facebook

Entre el sueño y la realidad hay una brecha tan insignificante, una sábana tan delgada como la piel de una cebolla, traslúcida y frágil. Que nos permite robar las alucinaciones que vemos en esa realidad aparte, y en menos tiempo del que pensamos, utilizar como otra herramienta, hasta que la rutina desmiembra el sueño.

Los teléfonos,  videoteléfonos, los rayos lasser, la clonación, los cohetes, e incluso la palabra escrita, fueron alguna vez ensoñaciones de gente aburrida; porque los mayores descubrimientos son hurtos del sueño de grandes aburridos, personajes cansados de las posibilidades que ofrece su realidad, que en un arrebato de irreverencia asaltan su propio inconsciente.

Pero todo, y esto es lo sorprendente, lleva un orden, tiene un tiempo de vida, la realidad funciona como una pirámide, tiene una base y a su vez, cada escalafón es base del siguiente, y sería imposible hablar de una pirámide sin haber hablado de una roca cuadrangular; el lenguaje, la escritura, los registros, la computación y la red, no hubieran podido ser sin su escalón anterior. Ya que, al igual que la pirámide, la tecnología  es un resultado casi inevitable del simple deseo de ganar altura.

Cada organismo que habita en esta tierra tiene un solo objetivo en su más íntima configuración, la supervivencia, y los avances que presenta no son sino una forma de ganar el dominio del lugar que ocupa y preservar su existencia. Así vemos en el desierto plantas que han desechado las hojas a fin de evitar perder agua, que se yerguen como carnosas estructuras acanaladas llenas de espinas, y en la propia ignorancia se las llama formas caprichosas, pero la verdad es que cada porción de sí mismas está diseñada con un propósito bastante claro; sus singulares espinas son una manera de ahuyentar a los sedientos bandidos del desierto, sus canales son la forma de preservar por más tiempo el agua de las escasas lluvias que las bendicen.

Es comprensible entonces que el ser humano busque las alturas de sus pirámides tecnológicas a fin de preservarse en un planeta hostil; Pero no lo mueve sólo un afán de supervivencia, como lo hacía en la época de las cavernas, sino que no reconoce la tierra como un hogar y  trata a toda fuerza de transformarla en formas que le resulten conocidas y confortables, su cambio es una cirugía plástica que hace a un desconocido para verlo familiar.

Y está por otro lado la eterna desazón que victimiza a la humanidad con su cuchilla de tiempo, aguijoneándolo en el deseo, e inflamando su tranquilidad con la comezón de la búsqueda.  Humano no debería significar “el que mide” sino el que busca. Pues nuestra vida transcurre entre el inicio y el final de todas las búsquedas que nos conforman como individuos. Culminando cuando el espíritu se ha conformado con lo que encontró, dispuesto a dejar de hurgar los bolsillos al mundo.

En este entorno de búsqueda, los que más encuentran son los más ignorantes, y no los más ambiciosos, puesto que la búsqueda se da por aquellos que no saben que ya todo lo encontró alguien, y el ambicioso siempre deseará lo que tiene el otro, y si el otro ya lo tiene todo, ve inútil emprender una búsqueda, viendo más factible un robo. Entonces el ignorante, libre de la carga del saber, vislumbra  diez mil posibilidades de éxito, zarpando hacia una expedición auspiciada en su propia evasión de la realidad.

Quién sino los más ignorantes, se hubieran aventurado a buscar más allá del fin del mundo, los necios. Que no los inconformes, puesto que estos sólo negarán cualquier posibilidad sin dar razón de una posibilidad propia, los necios tienen una visión y se aferran a ella hasta hacerla verdad.

Es por esto que vivimos rodeados de las necedades de los más ignorantes, los que estiran la realidad ante la protesta de todos, más allá de la cordura, siguiendo los planos robados de sus sueños, y nos demuestran que lo que llamamos cuerdo, realidad, todo, mejor o irreal, no son sino atavismos de antepasados que nos enseñaron el mundo, como una biblia, o una teoría del Bing Bang, en la que los estudiosos o creyentes se envuelven y construyen un nicho de cómoda definición.

Alguien necio sabrá que es irreal la noción de matrimonio, o la noción de un estado gobernado por un representante electo, o la noción de enseñanza; basado en datos de disfunción de todas estas estructuras arcaicas, necio desde el punto de vista de los demás, quienes ciegamente recorren un camino ya devastado por millones y por tanto de fácil acceso. Ya lo dice Silvio en su canción “Viven muy felices, los que repiten la lección como aprendices, los que no buscan más allá de sus narices” y esto es cierto, la eterna necesidad de búsqueda sucumbe ante la comodidad de las razones de los demás, que son butaca y proyección, de una inerte legión de animales amaestrados, que se acomoda a entretener su inútil existencia, siendo sólo espectadores; cansados, inconformes y sabedores.

Esto nos dice que no vivimos en el mejor mundo, sino en un mundo heredado de pequeños cambios hechos por infelices, necios e ignorantes.

Digo que los parteros del cambio son ignorantes, no porque no estén llenos de conocimiento, sino porque ignoran lo que para los demás es bastante evidente.

Para explicar esto baste una anécdota que me ocurrió hace un par de años:

En una ocasión en que salíamos del cine, una de las puertas que se hallan siempre abiertas de par en par para conducir al rebaño de fieles consumidores de palomitas, se encontraba cerrada. Entonces cual un cardumen de asustadizas truchas todos nos detuvimos y volteamos a vernos unos a otros, hasta que uno, tímido y titubeante, se aventuró y empujó la puerta, pero nada, estaba atascada, luego otro y un tercero forcejearon, pero era evidente que estaba cerrada. Enseguida  se corrió la voz, entre risitas nerviosas y evidente descontrol en los ojos, ¡Nos encerraron!  Y nadie hizo más.

Pero uno de esos rezagados del cine, que se esperan a ver hasta el último crédito de la película a fin de descubrir algún último trocito, absurdo a la trama, de los que Marvel suele poner en sus filmes; llegó, se abrió paso entre la atontada muchedumbre, y con ingenuidad de niño tomó la puerta y la abrió hacia adentro, entonces todos soltamos la carcajada y salimos rescatados por este ignorante petimetre.

La ignorancia de la que hablo, es la ignorancia de barreras de lo que estipula la realidad, ese desconocimiento de las fronteras más naturales que nos es dado aprender en nuestro nunca útil sistema de enseñanza. Que con su amargo tono lapidario repite con el gis de diez mil tizas en un anciano pizarrón rechinante: Dos más dos es cuatro; si alguien lo hizo y falló, entonces fallarás.   Este sistema donde aprendemos la vida de grandes hombres, estudiándolos desde su grandeza, desde sus hazañas, desde el lugar más fulguroso de su existencia, olvidándonos de estudiar al ser necio, ignorante e infeliz que es.  Estudiamos las victorias, el éxito, con una atmósfera de inaccesibilidad, pero olvidamos de estudiar a los perdedores, a los derrotistas, las historias de fracaso.

Si así se hiciera, se vería cómo los que destejen la existencia, los fracasados, son los que han sabido las cosas, los que desde pequeños estuvieron de acuerdo, siguieron caminos, llegando a formar a un hombre feliz y aposentado en una butaca; en un gran puesto de una empresa X, expectante, creyendo ser útil con su absurda labor, como en la novela de 1984 de Orwell, zombi, vigilado, con cada aso medido y trazado. Caminando con el miedo como con su sombra.

El miedo nos atrapa con sus pesadas cadenas, desde abandonado el vientre materno, y de la mano de ella “Te vas a caer” “Vas a romperlo”  “Vas a enfermarte”, para más tarde construir a nuestra madre interna “Me va a rechazar” “Me van a criticar” “Me van a correr” “Voy a fracasar” haciendo que nos liguemos a una existencia útil para un sistema establecido, que no es ni cercano a ser el mejor, pero que nos puede guardar tranquilamente en sus cálidas butacas. En este mundo de miedos entretejidos, es mejor estar a salvo en el saber. Yo sé que si trabajo y gano dinero me van a respetar, yo sé que si lo hago por mi cuenta voy a fracasar porque conozco que le ha pasado a dos familiares que me vienen a la mente así de pronto. Yo sé que si me caso y hago una familia voy a ser feliz. Pero lo que realmente nos importa, si fueramos sinceros no es lo que nos haga felices, sino lo que haga que los demás estén felices con nosotros, siguiendo sus fórmulas y manifiestos, como para complacer a un gran gigante que es dueño de nuestra existencia.

La receta para el cambio, para dar el salto tecnológico que se nos presenta tan agigantado, pero que a la brevedad de la vida humana es infinitamente lento, es no saber, ser infeliz y necio.

El fenómeno mundial que está siendo el Facebook se puede explicar desde una perspectiva no estructurada, ni basándose en discursos de libros ni doctrinas, ni mucho menos en materias como Mercadotecnia, o Sociología. El fenómeno del Facebook es simplemente explicable desde la explicación de lo que somos.

Somos rebaños, cardúmenes, bandadas, manadas, piaras, que nos movemos muy juntos, muy aburridos, de un cine a otro, y que si nos topamos con una puerta cerrada volvemos nuestros pasos y regresamos a la sala, nunca pensando que se puede abrir, siempre siguiendo un sendero que esté abierto y desgastado, de cómodo acceso.

No es que Facebook sea una maravilla, ni la respuesta a la sociabilidad, que a veces la trastocan como a una ecuación de subíndices, como lo maneja su lechuguino creador. Sino que es una ruta de fácil acceso, un camino y nada más.

Si tuviésemos un ato de bestias, encerradas en un cuchitril, sería evidente que al abrirles una puerta, una vez pasando el primero pase el segundo y así hasta que todos pasen por la puerta y vayan hasta donde esta los conduzca, y sería inverosímil y hasta vergonzoso tratar como genio a quien abrió esta puerta, puesto que las bestias sólo caminan por donde les es posible caminar.

Ahora, la comunicación es un poco más compleja que esto, puesto que para abrir una salida a las bestias basta con un instrumento cortante, como unas pinzas para rasgar la maya de alambre que los tiene presos y al mover la cabeza podrán ver y salir; sin embargo, cuando hablamos de rebaños tan grandes como lo somos los humanos, el horadar un camino no es todo lo que se necesita para que estas bestias lo recorran, sino que, siendo aún más bestias que las bestias, es preciso tocarles el hombro y decirles “Hey, por aquí te tienes que ir”.

En la web 2.0 los genios NO existen, ni las soluciones; como en la red de antaño en donde se le mantenía preso al visitante en una página con la argucia de un buen captor, quien ofrecía un intrigante contenido, y se preocupaba por refrescarlo, con su cerebro a la mano para despojarnos de minutos; ahora sólo se les limpia un cuarto y se pretende que los usuarios hagan lo que se les antoje en él. Es decir, que los dueños de las más famosas páginas a veces tratados como dioses, no son otra cosa que serviles mucamas, que nos mantienen limpio el cuarto donde nuestro intelecto hace que ocurran las cosas.

Por esto es que digo que Zukcerberg y su Facebook no son dignos de un estudio a fondo, no hablamos de un matemático que realizó la estructura funcional de la red, ni de un músico que descubrió las tonalidades y el álgebra perfecta de una partitura, hablamos de un singular sujeto, quien, desde las alturas de la pirámide, pudo horadar un camino y alcanzó a gritar a muchísimos rebaños, “Vayan por aquí”.

Aún así, hablamos de un aburrido, necio, ignorante e infeliz, quien no se detuvo con las barreras evidentes que nos aprisionan y se aventuró en la búsqueda de un sitio, en una era en la que se sabía que otro sitio estaba de más.

Cada vez que prendo la televisión siento como la basura que contiene se desborda sobre mí, maloliente, punzocortante y ofensiva. Llenándome la boca y los ojos con su sabor a podrido y su irritante ácido de batería. Sin embargo millones de personas aún siguen sus transmisiones, y todo esto responde al mismo principio, son veredas de fácil acceso que las bestias recorren y habitan.

Es como si dios hubiese entregado un altavoz a un idiota, pero como la voz de nadie más se alcanza a escuchar, hay que escuchar lo que dice este retardado con altavoz.

Entonces llega la 2.0 y buscamos oír a los acertados, a gente con un retraso un poco más sobre llevable y es por esto que los que nos brindan un servicio para hacerlo se ganan nuestro tiempo, no porque su astucia lo haya conseguido, ni su genio, ni su solución,  a decir verdad, todos estamos tan hartos de escuchar al imbécil con altavoz gritar toda clase de improperios e incongruencias, que es un verdadero descanso oír a los demás. Oírse a sí mismo.

No hay explicación del triunfo de Facebook, ni de Twitter que se halle en sus creadores, ni en sus estrategias, ni en algún libro; sino en el retumbante ruido que hacen los estúpidos con altavoces y bocinas ensordecedoras, la verdadera explicación de su triunfo está en nuestro hartazgo, y nada más.