Un grupo de hormigas iban y venían en su ardua labor de recolección de semillas, frutas, y demás manducas que se encontraran por el camino, cuando una cucaracha ociosa, que las observaba, intrigada y fascinada les pidió permiso para unírseles.

Las hormigas la inspeccionaron por un rato, se subieron en ella, urgaron sus antenas y al final, viendo su gran tamaño y pensando que podría ser buena para cargar cosas, aceptaron.

No pasaron tres minutos de la jornada inicial del día, cuando la cucaracha, primero entusiasta, ahora se acostaba quejumbrosa cada tres pasos, deteniendo el interminable rio de hormigas del cual ahora era parte.

Las hormigas con gran pesadés la levantaban y la jaloneaban de las antenas, instando sus flojas patas a continuar el recorrido.

La cucaracha estaba harta de la interminable carabana por todo el bosque, así que quizo salirse de ahí, pero como todas las hormigas la rodeaban con su paso cerrado y continuo , no pudo escapar tan fácil.

Luego se le ocurrió trepar por encima de las hormigas y dejar que estas la llevaran a cuestas, así no se aburriría en su ociosa vida, pero tampoco tendría que hacer esa maratónica caminata.

Así lo hizo, trepó con dificultad y al fin se aposentó en el lomo de las hormigas, quienes completamente entregadas en su tarea no se dieron cuenta y llevaron cargando a la cucaracha como si de otra semilla se tratase.

La cucaracha con una sonrisa de satisfacción por su inteligente idea se arrellanó cómodamente y disfrutó del paseo como si de un tobogán de hormigas se tratase.

Pero sucedió que cuando las hormigas llegaron de nuevo a su hormiguero, confundiendo a la cucaracha con su alimento, la desmembraron y la almacenaron en sus despensas.

<<Es así que quien se afana en lo que no es suyo, sacando en suma provecho, no tardará mucho en hacer de la tumba su lecho>>

J. MangaS

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