DIVINIDAD DEL HOMBRE O INSTINTO ANIMAL

El ser humano es un amasijo fantástico de razón e instintos animales, es un ente funcional, orgullo de la evolución, que incluso con su comprensión fundamental del átomo y sus continuas violaciones al espacio, no se ha podido deslindar de comportamientos viscerales e incomprensibles que van más allá de su control y raciocinio.

Las manifestaciones más interesantes de su conducta parten del nivel más básico y primario de su biología, de prácticas y comportamientos  que quizá en otro tiempo fueron fundamentales para su supervivencia y que hoy simplemente son residuos bien adheridos a él, que lo obligan a desarrollar todas las actividades que denominamos artes. Pues es el arte, el arte verdadero, no un gusto, ni un pasatiempo, ni se origina de la búsqueda de diversión, de estatus o reconocimiento, es una obligación biológica tan latente como la reproducción o la socialización.

Lo interesante es que no cumple particularmente con ningún cometido funcional como las anteriores, pues el impulso biológico que nos hace añorar un niño o el simple antojo del sexo cumplen la función de preservar la especie, la socialización nos une en grupos fuertes y colonias que trabajan con un fin común; pero el brote de la necesidad “arte”, esto es, la necesidad por plasmar una realidad en un lienzo, escribir una melodía, o describir un sentimiento con  pasos acompasados, no tienen un fin que pueda ser tan simplemente identificado.

En la naturaleza, los animales han utilizado la danza a lo largo de su existencia con fines precisos y prácticos de comunicación biológicamente aprendidos, así la belleza de sus movimientos no cumple con una función de mera contemplación, sino de preservación de su especie. Estos son algunos ejemplos:

El escorpión o “alacrán” del desierto, para reproducirse, deposita un montículo de esperma con un ganchito apuntando hacia arriba, luego entrelaza sus tenazas con la hembra y la guía en un baile muy particular hasta que llegan al montículo y la penetra con este. La danza debe ser realizada con precisión, ya que si la hembra, que por su dimorfismo sexual es más grande,  no reconoce los pasos adecuados, picará al macho y se irá en busca de otro.

La araña lobo, cuando ha reconocido a una hembra de su especie con sus grandes ojos, debe acercarse a esta realizando una compleja danza que parece editada a baja velocidad, pero que requiere el uso de muchísima energía, ornamentando sus movimientos con gráciles y rítmicos movimientos de sus pedipalpos, si la danza es atractiva y estimulante, la hembra reconocerá que se trata de un macho vigoroso y joven, sólo así aceptará la inseminación, de lo contrario lo atacará o simplemente perderán interés y se marchará..

La abeja utiliza la danza como un sistema sofisticado de comunicación para codificar la localización exacta del alimento, la clave de su supervivencia yace en sus movimientos rítmicos, los cuales son apreciados y después repetidos por sus compañeras obreras.

En nuestro mundo humano, alejado a veces demasiado de la verdad de la naturaleza, congestionado de falsas interpretaciones, gestos aprendidos y etiquetas simplistas, la hermosa gracia de la danza jamás sería papel para una “tosca” obrera, pues la hemos vestido con una excelencia exquisita y casi divina, deslindándola de su origen bestial, es un adorno de las sociedades más civilizadas, de mujeres con una estética perfecta, musas del nuevo mundo, que están en extremo lejos del sustento verdadero de la sociedad, del armado de carreteras o viviendas, del utilitario trabajo rudo o de las  labores domésticas. Por eso decidir la función de la danza humana es en extremo difícil.

Pero en la naturaleza es el arte de una practicidad común, forjador de la vida, pieza clave del desarrollo de una especie. Si para el humano alguna vez lo fue, hoy lo ha olvidado, envuelto en su esfera de frivolidad y autocomplacencia.

Todo se trata de la comunicación, y la función del arte más comprensible es la de informar a los demás cómo nos encontramos por dentro, que es en sí mismo un fin incomprensible, pues en apariencia no nos sirve de nada comprender cómo se halla un sombrío individuo creador de una sinfonía o un lienzo.

A la comunicación e intercambio de señales que se da entre animales, se le denomina zoosemiótica y sus fines principales varían desde el encontrar pareja para la reproducción, establecer límites territoriales, o jerarquías, hasta la comunicación de peligros.

Los animales han utilizado toda la gama de lo que nosotros denominamos “artes” para poder sobrevivir y colocar a su especie como la dominante, han hecho de su supervivencia algo exquisito, incluso en su evolución menor a la nuestra, han removido lo fútil del arte:

Los ciervos y los conejos menean los rabos acompasadamente y dan gráciles brinquitos para advertir a los demás de un peligro inminente. Los pájaros tienen distintos cantos que utilizan en el cortejo o para advertir a un depredador, los increíbles diseños de las flores son como carteles publicitarios que invitan a sus comensales a la mesa para que puedan llevarse entre sus patas el polen y fecunden así su especie. El fascinante vuelo en V de las parvadas de aves que se dirigen hacia lugares más cálidos, aseguran que el batir de alas de cada uno impulse mayoritariamente al de al lado alcanzando así mayores distancias que volando cada cual por su lado.

Con todo el conocimiento que se ha conjuntado en diez mil tomos de enciclopedias, en laboratorios y en cintas, estamos aún muy lejos de comprender qué nos motiva a realizar el arte, qué función cumple la danza, pues hace mucho que el ser humano ha dejado de ilustrar cavernas, los sonidos guturales y las danzas para invocar a la lluvia y al sol; estamos trascendiendo realidades con cada descubrimiento, nuestra comunicación ha trascendido incluso el sonido y se ha tornado en letra, en la captura de la imagen y en los hilos conductores de la supercarretera de la web.

Estamos transformando todo lo que tocamos, destruyendo las barreras genéticas y creando nuevos propósitos para la vida, pero aún así conservamos nuestra parte original y la pregunta persistirá ¿Porqué no podemos deslindarnos de algo que no nos ayuda a evolucionar o a preservarnos? ¿Porqué es más importante hoy que nunca el arte? Cierto es que la moneda a puesto precio a los grandes espectáculos que se montan con nobles bailarinas, pero el baile no es un resultado de la moneda, sino todo lo contrario, su efecto.

Jossman Mangas.

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